Bajo este titulo un tanto paradójico (¿no es la política el espacio donde el combate se torna deliberación?) se despliega un blog que aunque orientado a las ciencias políticas trae muchos materiales relacionados con el pensamiento contemporáneo y la filosofía. Y no solo textos y comentarios, sino incluso información sobre eventos (aunque estos parecen limitarse al ámbito Argentino). Altamente recomendable: http://espacioagon.blogspot.com/
Espacio Agon
9-Nov-09
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Entrevista a Gianni Vattimo en la TV argentina
22-Oct-09Sábado 3 de octubre de 2009/ Visión Siete Internacional/ Gianni Vattimo vino a Buenos Aires a presentar su último libro, “Ecce Comu” (Editorial Paidós, 2009). Con él dialogamos sobre su idea del socialismo como liberador de la esclavitud y sobre su pensamiento acerca de la política de los gobiernos latinoamericanos y de la gestión de Barack Obama. © Noticiero Visión Siete/ TV Pública/ Argentina
Y sobre Vattimo transcribe el blog Vacio: el nombre propio del ser una lectura comentada del ensayo “Posmodernidad: ¿Una sociedad transparente?”.
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Escrito por indy2006
Populismo y filosofía política
18-Oct-09Erwan Sommerer es un especialista frances de la filosofía política, cuyos trabajos se centran en la significación filosófica del populismo y la democracia. Ha escrito sobre Argentina, y recientemente tambien sobre la experiencia boliviana. Uno de sus trabajos recientes se llama “L’épochè populiste” (epoje hace referencia al principo metodologico de la fenomenologia de Husserl de suspender el juicio sobre un contenido de la conciencia y concentrarse en su pura descripcion):
El populismo es el encuentro con una entidad ficticia heredada de la filosofía política. Es un dialogo imaginario instaurado con un interlocutor colectivo -el pueblo- que dispone de un acceso privilegiado al conocimiento de lo real y de lo verdadero.
La esencia misma de la acción populista es esta tentativa de instaurar una relación, de organizar un encuentro con una quimera conceptual de la que se espera la revelación del sentido de la historia y de la comunidad. Hay que ir al pueblo para escuchar por fin su palabra sin mediación alguna. Buscar el pueblo, -es lo que han hecho, a su manera, los narodniki rusos, los nacionalistas argentinos de la década de los treinta, y los maoistas franceses- es correr el riesgo de no encontrarlo jamas y de hacer interminable esta extraña epojé, esta suspensión del juicio por la cual el descubrimiento de la verdad y por lo tanto del mejor régimen [político] son postergados a la espera de la palabra del pueblo. Así, el populismo toma muy en serio la filosofía política. El se inventa un pueblo y parte en su búsqueda para finalmente no encontrarse mas que a si mismo al fondo de un escéptico callejón de sin salida.
Par acceder al texto (en frances) seguir este link.
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Presentacion de libro: una tierra para dos pueblos, de Martin Buber
3-Oct-09El lunes 12 de octubre presentaran Raymundo Mier y Silvana Rabinovich en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM la traducción al castellano de una colección de ensayos de Martin Buber sobre el conflicto entre Judíos y Palestinos. Buber fue uno de los pensadores centrales de un movimiento que preconizaba el dialogo y la cooperación entre ambos pueblos. Sus principios siguen siendo aun actuales, aunque la historia de los últimos cincuenta años no permitan demasiado optimismo.
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Politica y Temor
15-Ago-09Con el titulo Governar el temor: del dominio moderno de las pasiones a la politica de la seguridad y a la gestion del riesgo en la epoca de la globalizacion se lleva a cabo en la Universidad de Bologna y con apoyo del programaEurofilosofíade la comunidad europea un programa de investigación sobre las relaciones entre temor, emancipación y control social de la modernidad a nuestros días.
Se puede ver información sobre el programa es el sitio web que incluye también algunos textos, bibliografías, e información sobre los participantes del equipo de investigación.
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La diferencia italiana: entre nihilismo y biopolitica
30-Jul-09La editorial Re.press es una casa de edición Australiana interesada en el pensamiento filosófico y político-social contemporáneo, que ofrece muchos de sus textos en una versión de libro acceso (en formato pdf) y en versión impresa, aparentemente en el formato ‘impresión a pedido’ (printing on demand). Entre sus últimas novedades, este libro, editado por Lorenzo Chiesa y Alberto Toscano, sobre el pensamiento italiano contemporáneo reúne colaboraciones de los pensadores vanguardistas más conocidos del mundo intelectual italiano.
De la presentación editorial:
Este volumen reúne ensayos de pensadores italianos de diferentes generaciones que, desde un registro afirmativo, problematizante o genealógico, abordan el problema del entrecruzamiento de la especulación filosófica y de la afirmación política en el pensamiento italiano reciente. Nihilismo y biopolítica, dos conceptos que tuvieron un rol prominente en las discusiones teóricas en Italia, sirven como foco temático en cuyo derredor orbita esta colección, mientras busca definir las particularidades históricas y geográficas de esas nociones y su continuado impacto en el debate internacional. Este volumen también trata del debate sobre el ‘pensamiento debil’ (pensiero debole), el pensamiento feminista de la diferencia sexual, la re-emergencia de la antropología politicda y el problema del comunismo. Los contribuidores presentan narrativas contrasting del desarrollo del pensamiento italiano en la postguerra, y traza surcos a partir de los impases teoricos y políticos del presente – contra aquello que Negri, en un texto del cual el volumen toma su titulo, llama el desierto italiano.
Indice
Antonio Negri, ‘The Italian Difference’
Pier Aldo Rovatti, ‘Foucault Docet’
Gianni Vattimo, ‘Nihilism as Emancipation’
Roberto Esposito, ‘Community and Nihilism’
Matteo Mandarini, ‘Beyond Nihilism: Notes Towards a Critique of Left-Heideggerianism in Italian Philosophy of the 1970s’
Luisa Muraro, ‘The Symbolic Independence from Power’
Mario Tronti, ‘Towards a Critique of Political Democracy’
Alberto Toscano, ‘Chronicles of Insurrection: Tronti, Negri and the Subject of Antagonism’
Paolo Virno, ‘Natural-Historical Diagrams: The ‘New Global’ Movement and the Biological Invariant’
Lorenzo Chiesa, ‘Giorgio Agamben’s Franciscan Ontology’
Se puede descargar el libro en formato pdf en: http://www.re-press.org/book-files/OA_Version_9780980544077_The_Italian_Difference.pdf
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Vacio: el nombre propio del ser
12-Jul-09Con este nombre un tanto enigmático Erich Luna, un joven profesor de filosofía y ciencias políticas peruano publica una serie de notas y referencias al pensamiento contemporáneo. En particular, encontramos varias notas sobre Jurgen Habermas, un pensador mas traducido que comentado en el ámbito latinoamericano. También hay notas sobre Heidegger, otras sobre temas de pensamiento político y social contemporáneo, en particular una serie en la que el autor que discute la significación del paso del estado oligárquico al estado neo-liberal que aunque reflejan en primer lugar la experiencia peruana parecen tambien ser de intereses para el resto de las sociedades latinoamericanas.
El sitio refiere a otras bitácoras de intereses similares, y hasta parece tener un sitio TWEETER.
Para acceder:VACIO
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Acceso en linea a las conferencias Tanner
19-Abr-09Las conferencias Tanner son un prestigioso ciclo de conferencia dictadas anualmente por algunos de los intelectuales mas prestigiosos del momento. Dedicadas a los valores y las humanidades, se llevan a cabo en diferentes universidades en Estados Unidos y ocasionalmente en Europa. La Universidad de Utah ha publicado el texto de la mayor parte de estas en linea y en acceso gratuito.
Algunas de las mas interesantes desde el punto de vista filosófico son las siguientes: (las conferencias están en ingles, y en formato pdf).
- Anthony K. Appiah, Race, Culture, Identity: Misunderstood Connections
- Sylvia Benhabid, Reclaiming Universalism: Negotiating Republican Self-Determinism and Cosmopolitan Norms
- Peter Brown, The End of the Ancient Other World: Death and Afterlife between Late Antiquity and the Early Middle Ages
- Stanley Cavell, The Uncanniness of the Ordinary
- Umberto Ecco, Interpretation and Overinterpretation: World, History, Texts
- Jon Elster, Taming Chance: Randomization in Individual and Social Decisions
- Joel Feinberg, Voluntary Euthanasia and the Inalienable Right to Life
- Michel Foucault, Omnes et Singulatim: Towards a Criticism of ‘Political Reason’
- Nancy Fraser, Social Justice in the Age of Identity Politics: Redistribution, Recognition, and Participation
- Carol Gilligan, Joining the Resistance:Psychology, Politics, Girls, and Women
- Jurgen Habermas, Law and Morality
- Stuart Hampshire, Justice Is Conflict: The Soul and the City
- R. M. Hare, Moral Conflicts
- Axel Honneth, Reification: A Recognition-Theoretica View
- Alasdair Mcintyre, Truthfulness, Lies, and Moral Philosophers: What Can We Learn from Mill and Kant?
- Avishai Margalit, Indecent Compromise II. Decent Peace
- Marta NussbaumBeyond the Social Contract: Toward Global Justice
- Derek Parfit, What We Could Rationally Will
- Richard Posner, Euthanasia and Health Care: Two Essays on the Policy Dilemmas of Aging and Old Age
- John Rawls, The Basic Liberties and Their Priority
- Joseph Raz, The Practice of Value
- Richard Rorty, Feminism and Pragmatism
- Charles Taylor, Modernity and the Rise of the Public Sphere.
Esta es solo una selección. La lista completa esta AQUI
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Polemica: el rol de la religion en la esfera publica
2-Mar-09La publicación The Utopian publica un intercambio entre Habermas y y el filosofo y periodista italiano Paolo Flores d’Arcais acerca del rol de la religion en la esfera publica.
Flores d’Arcais ataca lo que considera la posición ‘pro-religiosa’ de Habermas, por ser excesivamente tolerante de las reivindicaciones de grupos religiosos (incluyendo grupos étnico-religiosos minoritarios). Habermas no piensa de ningún modo que su posición es pro-clerical, sino que reconoce las dificultades que existen en una democracia para integrar puntos de vista que parecen chocar indefectiblemente con las necesidades e intereses de una sociedad laica.
El problema es mas agudo en Europa, donde a la presencia de iglesias tradicionales que aun pretenden influenciar asuntos politicos y sociales, se le agregan las dificultades inherentes a la aclimatación e integración de importantes minorías no europeos que adhieren con fervor a tradicionales religiosas que no habian desarrollado previamente un dialogo con la sociedad secular, pero no se limita al viejo continente. Los grupos religiosos juegan un papel importante y ambiguo en la vida política norteamericana y de muchos otros paises.
El intercambio esta compuesto de tres artículos:
1. Paolo Flores d’Arcais’ “Eleven Theses Against Habermas”.
2. Jürgen Habermas’ response, “Again Religion and the Public Sphere: a Response to Paolo Flores d’Arcais”
3. Paolo Flores d’Arcais’ rejoinder to Habermas, “The Institutional and the Public Spheres”
Los articulos de Flores D’Arcais fueron originalmente publicados en italiano. El de Habermas aparentemente fue escrito especialmente para esta publicacion. Los textos estan en ingles.
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Del buen uso del lenguaje y la politica segun George Orwell
11-Feb-09G. Orwell escribió este texto en 1946, y a pesar de algunos anacronismos en sus ejemplos, es todavía actual. Existen en la web varias versiones castellanas de este ensayo. Esta versión me parece mas cercana al original ingles . Se puede bajar una version pdf aqui: PDF
George Orwell, La política y el lenguaje inglés (1946)
La mayoría de las personas que de algún modo se preocupan por el tema admiten que el lenguaje va por mal camino, pero por lo general suponen que no podemos hacer nada para remediarlo mediante una acción consciente. Nuestra civilización está en decadencia y nuestro lenguaje -así se argumenta- debe compartir inevitablemente el derrumbe general. Se sigue que toda lucha contra el abuso del lenguaje es un arcaísmo sentimental, así como cuando se prefieren las velas a la luz eléctrica o los cabriolés a los aeroplanos. Esto lleva implícita la creencia semiconsciente de que el lenguaje es un desarrollo natural y no un instrumento al que damos forma para nuestros propios propósitos.
Ahora bien, es claro que la decadencia de un lenguaje debe tener, en últimas, causas políticas y económicas: no se debe simplemente a la mala influencia de este o aquel escritor. Pero un efecto se puede convertir en causa, reforzar la causa original y producir el mismo efecto de manera más intensa, y así sucesivamente. Un hombre puede beber porque piensa que es un fracasado, y luego fracasar por completo debido a que bebe. Algo semejante está sucediendo con el lenguaje inglés. Se ha vuelto tosco e impreciso porque nuestros pensamientos son disparatados, pero la dejadez de nuestro lenguaje hace más fácil que pensemos disparates. El punto es que el proceso es reversible. El inglés moderno, en especial el inglés escrito, está plagado de malos hábitos que se difunden por imitación y que podemos evitar si estamos dispuestos a tomarnos la molestia. Si nos liberamos de estos hábitos podemos pensar con más claridad, y pensar con claridad es un primer paso hacia la regeneración política: de modo que la lucha contra el mal inglés no es una preocupación frívola y exclusiva de los escritores profesionales. Volveré sobre esto y espero que, en ese momento, sea más claro el significado de lo que he dicho hasta aquí. Entre tanto, he aquí cinco
especimenes del lenguaje inglés tal como se escribe habitualmente.
No elegí estos cinco pasajes porque fueran especialmente malos -podría haber citado otros mucho peores si lo hubiese querido- sino porque ilustran algunos de los vicios mentales que hoy padecemos. Están un poco por debajo del promedio, pero son ejemplos bastante representativos. Los numero para que pueda remitirme a ellos cuando sea necesario:
1. De hecho, no estoy seguro de que no sea válido decir que el Milton que alguna vez parecía no ser diferente de un Shelley del siglo XVII no se convirtiera, a partir de una experiencia siempre más amarga cada año, más ajena [sic] al fundador de esa secta jesuita que nada podía inducirlo a tolerar (Harold Laski, Ensayo sobre la libertad de expresión).
2. Por encima de todo, no podemos ser tolerantes con una batería nativa de modismos que prescribe tolerar colocaciones egregias de vocablos como las del inglés básico “dejar que pase” en vez de “tolerar” o “sentirse perdido” en vez de “desconcertado” (Profesor Lancelot Hogben, Interglossia).
3. Por una parte, tenemos la libre personalidad: por definición ésta no es neurótica, pues no tiene conflictos ni sueños. Sus deseos, tal como son, son transparentes, pues son justamente lo que la aprobación institucional mantiene en el primer plano de la conciencia; otro modelo institucional alteraría su número e intensidad; hay poco en ellos que sea natural, irreducible o culturalmente peligroso. Pero, por otra parte, el vínculo social no es más que el reflejo mutuo de estas integridades autoprotegidas. Recordemos la definición de amor. ¿No es éste el retrato de un académico menor? ¿Dónde hay lugar en esta sala de espejos para la personalidad o la fraternidad? (Ensayo sobre la psicología en la política, Nueva York).
4. Todas las “excelentes personas” de los clubes de gentilhombres, y todos los capitanes fascistas frenéticos, unidos en su odio común al socialismo y en el horror bestial a la marea creciente del movimiento de masas revolucionario, han recurrido a acciones provocadoras, a discursos incendiarios, a leyendas medievales de pozos envenenados, para legalizar la destrucción de las organizaciones proletarias, y para despertar en la pequeña burguesía agitada el fervor chauvinista en nombre de la lucha contra la salida revolucionaria de la crisis (Panfleto comunista).
5. Para infundir un nuevo espíritu en este vetusto país, hay que abordar una reforma espinosa y contenciosa, la de la humanización y la galvanización de la BCC. Aquí, la timidez revelará el cáncer y la atrofia del alma. El corazón de Gran Bretaña puede estar sano y latir con fuerza, por ejemplo, pero el rugido del león británico es, en el presente, como el de Berbiquí en Sueño de una noche de verano de Shakespeare, tan gentil como el arrullo de una paloma. La nueva Gran Bretaña viril no se puede seguir traduciendo indefinidamente a los ojos o, mejor, a los oídos del mundo mediante las languideces estériles de Langham Palace, disfrazadas desvergonzadamente de “inglés estándar”. ¡Cuando la Voz de Gran Bretaña se escucha a las 9 en punto, es de lejos mejor e infinitamente menos ridículo escuchar haches pronunciadas honestamente que los actuales sonsonetes melifluos, afectados, inflados e inhibidos de esas doncellas virginales que murmuran tímidamente “¡Yo no fui!” (De una carta al Tribune).
Cada uno de estos pasajes tiene faltas propias, pero, además de la fealdad evitable, tienen dos cualidades comunes. La primera, las imágenes trilladas; la segunda, la falta de precisión. El escritor tiene un significado y no puede expresarlo, o dice inadvertidamente otra cosa, o le es casi indiferente que sus palabras tengan o no significado. Esta mezcla de vaguedad y clara incompetencia es la característica más notoria de la prosa inglesa moderna, y en particular de toda clase de escritos políticos. Tan pronto se tocan ciertos temas, lo concreto se disuelve en lo abstracto y nadie parece capaz de emplear giros del lenguaje que no sean trillados: la prosa emplea menos y menos palabras elegidas a causa de su significado, y más y más expresiones unidas como las secciones de un gallinero prefabricado. A continuación enumero, con notas y ejemplos, algunos de los trucos mediante los que se acostumbra evadir la tarea de componer la prosa:
Metáforas moribundas. Una metáfora que se acaba de inventar ayuda al pensamiento evocando una imagen visual, mientras que una metáfora técnicamente “muerta” (por ejemplo, “una férrea determinación” ) se ha convertido en un giro ordinario y por lo general se puede usar sin pérdida de vivacidad. Pero entre estas dos clases hay un enorme basurero de metáforas gastadas que han perdido todo poder evocador y que se usan tan sólo porque evitan a las personas el problema de inventar sus propias frases. Veamos algunos ejemplos: “doblar las campanas por”, “blandir el garrote”, “mantener a raya”, “pisotear los derechos ajenos”, “marchar hombro a hombro”, “hacerle el juego a”, “no tener vela en ese entierro”, “echar grano al molino”, “pescar en río revuelto”, “al orden del día”, “el talón de Aquiles”, “canto del cisne”, “estercolero”. Muchas de ellas se usan sin saber su significado y muchas veces se mezclan metáforas incompatibles, un signo seguro de que el escritor no está interesado en lo que dice. Algunas metáforas que hoy son comunes se han alejado de su significado original sin que quienes las usan sean conscientes de ese hecho. Por ejemplo, “mantener a raya” a veces se confunde con “trazar la raya”. Otro ejemplo es el del martillo y el yunque, que hoy siempre se usa con la implicación de que el yunque recibe la peor parte. En la vida real es siempre el yunque el que rompe el martillo, nunca al contrario: un escritor que se detuviese a pensar en lo que está diciendo evitaría pervertir la expresión original.
Operadores o extensiones verbales falsas. Éstas evitan el problema de elegir los verbos y sustantivos apropiados, y al mismo tiempo atiborran cada oración con sílabas adicionales que le dan una apariencia de simetría. Algunas expresiones características son “volver no operativo”, “militar contra”, “hacer contacto con”, “estar sujeto a”, “dar lugar a”, “dar pie a”, “tener el efecto de”, “cumplir un papel (rol) principal en”, “hacerse sentir”, “surtir efecto”, “exhibir la tendencia a”, “servir el propósito de”, etc. El principio básico es eliminar los verbos simples. En vez de una sola palabra, como romper, detener, despojar, remendar, matar, un verbo se convierte en una frase, formada por un sustantivo o un adjetivo unido a un verbo de propósito general, como resultar, servir, formar, desempeñar, volver. Además, dondequiera que es posible, se prefiere usar la voz pasiva a la voz activa, y construcciones sustantivadas en vez de gerundios (“mediante el examen” en vez de “examinando” ). La gama de verbos se restringe aún más usando formas verbales que terminan en “izar” o empiezan con “des”, y se da a las afirmaciones triviales una apariencia de profundidad empleando expresiones que empiezan por “no” en vez de usar el prefijo “in”, como “no fundado” en vez de “infundado”. Las conjunciones y preposiciones simples se sustituyen por expresiones tales como “con respecto a”, “teniendo en consideración que”, “el hecho de que”, “a fuerza de”, “en vista de”, “en interés de”, “de acuerdo con la hipótesis según la cual”; y se evita terminar las oraciones con un anticlímax mediante lugares comunes tan resonantes como “tan deseado”, “no se puede dejar de tener en cuenta”, “un desarrollo que se espera en el futuro cercano”, “merecedor de seria consideración”, “llevado a una conclusión satisfactoria”, etcétera.
Dicción pretenciosa. Palabras como fenómeno, elemento, individual (como sustantivo), objetivo, categórico, efectivo, virtual, básico, primario, promover, constituir, exhibir, explotar, utilizar, eliminar, liquidar, se usan para adornar una afirmación simple y dar un tono de imparcialidad científica a juicios sesgados. Adjetivos como epocal*, épico, histórico, inolvidable, triunfante, antiguo, inevitable, inexorable, verdadero, se usan para dignificar el sórdido proceso de la política internacional, mientras que los escritos que glorifican la guerra adoptan un tono arcaico, y sus palabras características son: dominio, trono, carroza, mano armada, tridente, espada, escudo, coraza, bota militar, clarín. Se usan palabras y expresiones extranjeras, como cul de sac, ancien régime, deus ex machina, mutatis mutandis, statu quo, Gleichschaltung, Weltanschauung para dar un aire de cultura y elegancia. Salvo las abreviaturas útiles “i. e.”, “e. g.”, y “etc.”, no hay ninguna necesidad real de tantos centenares de locuciones extranjeras que hoy son corrientes en el lenguaje inglés. Los malos escritores, en especial los escritores científicos, políticos y sociológicos, casi siempre están obsesionados por la idea de que las palabras latinas o griegas son más grandiosas que las sajonas, y palabras innecesarias como expedito, mejorar, predecir, extrínseco, desarraigado, clandestino, subacuático y otros cientos más ganan terreno sobre las anglosajonas. La jerga peculiar de los escritos marxistas (hiena, verdugo, caníbal, pequeño burgués, estos hidalgos, lacayo, adulador, perro rabioso, guardia blanco, etc.) está integrada por palabras traducidas del ruso, el alemán o el francés; pero la manera normal de acuñar una nueva palabra es usar la raíz latina o griega con la partícula apropiada y, donde sea necesario, el sufijo de tamaño. A menudo es más fácil formar palabras de esta clase (desregionalizar, impermisible, extramarital, no fragmentario, etc.) que pensar palabras inglesas que tengan ese significado. En general, el resultado es un aumento de la dejadez y la vaguedad.
Palabras sin sentido. En ciertos escritos, en particular los de crítica de arte y de crítica literaria, es normal encontrar largos pasajes que carecen casi totalmente de significado. Palabras como romántico, plástico, valores, humano, muerto, sentimental, natural, vitalidad, tal como se usan en crítica de arte, son estrictamente un sinsentido, por cuanto no sólo no señalan un objeto que se pueda descubrir, sino que ni siquiera se espera que el lector lo descubra. Cuando un crítico escribe “El rasgo sobresaliente de la obra del señor x es su cualidad vital”, mientras que otro escribe “Lo que atrae de inmediato la atención en la obra del señor x es su tono mortecino peculiar”, el lector acepta esto como una simple diferencia de opinión. Si se emplearan palabras como “negro” y “blanco”, en vez de los términos de jerga “vida” y “muerte”, se vería en seguida que el lenguaje se está usando de manera impropia. Se abusa asimismo de muchos términos políticos. El término fascismo hoy no tiene ningún significado excepto en cuanto significa “algo no deseable”. Las palabras democracia, socialismo, libertad, patriótico, realista, justicia tienen varios significados diferentes que no se pueden reconciliar entre sí. En el caso de una palabra como democracia, no sólo no hay una definición aceptada sino que el esfuerzo por encontrarle una choca con la oposición de todos los bandos. Se piensa casi universalmente que cuando llamamos democrático a un país lo estamos elogiando; por ello, los defensores de cualquier tipo de régimen pretenden que es una democracia, y temen que tengan que dejar de usar esa palabra si se le da un significado. A menudo se emplean palabras de este tipo en forma deliberadamente deshonesta. Es decir, la persona que las usa tiene su propia definición privada, pero permite que su oyente piense que quiere decir algo bastante diferente. Declaraciones como “El mariscal Petain era un verdadero patriota”, “La prensa soviética es la más libre del mundo”, ” La Iglesia católica se opone a la persecución” casi siempre tienen la intención de engañar. Otras palabras que se emplean con significados variables, en la mayoría de los casos con mayor o menor deshonestidad son: clase, totalitario, ciencia, progresista, reaccionario, burgués, igualdad.
Después de haber expuesto este catálogo de estafas y perversiones, permítanme dar otro ejemplo del tipo de escritura que lleva a ellas. Esta vez su naturaleza debe ser imaginaria. Voy a traducir un pasaje de buen inglés en inglés moderno de la peor especie. He aquí un verso muy conocido del Eclesiastés:
Retorné y vi que bajo el sol la carrera no es de los veloces, ni la batalla de los fuertes, ni el pan para el sabio, ni las riquezas para los hombres de conocimiento, ni el favor para los capaces; sino que el tiempo y la oportunidad acontecen a todos ellos.
Helo aquí en inglés moderno:
Las consideraciones objetivas de los fenómenos contemporáneos obligan a concluir que el éxito o el fracaso en las actividades competitivas no exhibe ninguna tendencia conmensurable con la capacidad innata, sino que es un notable elemento de que lo imprevisible debe tenerse invariablemente en cuenta.
Ésta es una parodia, pero no muy tosca. El tercer espécimen , por ejemplo, contiene varios retazos de ese mismo tipo de inglés. Verán que no hice una traducción completa. El principio y el final de la frase siguen el sentido original muy de cerca, pero en el medio las ilustraciones concretas -carrera, batalla, pan- se disuelven en expresiones vagas como “éxito o fracaso en las actividades competitivas”. Esto tenía que ser así, porque ninguno de los escritores modernos que estoy examinando – capaces de usar frases como “las consideraciones objetivas de los fenómenos contemporáneos”- expresaría sus pensamientos en esa forma tan precisa y detallada. La tendencia general de la prosa moderna es alejarse de la concreción. Ahora analicemos estas dos oraciones un poco más de cerca. La primera consta de 51 palabras y sólo 86 sílabas, y todas sus palabras se usan en la vida cotidiana. La segunda consta de 44 palabras y 108 sílabas: muchas de ellas tienen raíz latina y algunas griega. La primera frase contiene seis imágenes vívidas, y sólo una expresión (“tiempo y oportunidad” ) que se puede llamar vaga. La segunda no contiene ni una sola expresión fresca, llamativa, y a pesar de sus más de 100 sílabas sólo da una versión recortada del significado de la primera. Y es sin una duda el segundo tipo de expresiones el que está ganando terreno en el inglés moderno. No quiero exagerar. Este tipo de escritura no es aún universal, y los brotes de simplicidad aparecen aquí y allá en la página peor escrita. Sin embargo, si a usted o a mí nos pidieran que escribiéramos unas líneas sobre la incertidumbre del destino humano, es probable que estuviéramos más cerca de mi frase imaginaria que del Eclesiastés.
Como he intentado mostrar, lo peor de la escritura moderna no consiste en elegir las palabras a causa de su significado e inventar imágenes para hacer más claro el significado. Consiste en pegar largas tiras de palabras cuyo orden ya fijó algún otro, y hacer presentables los resultados mediante una trampa. El atractivo de esta forma de escritura es que es fácil. Es más fácil -y aun más rápido, una vez se tiene el hábito- decir “En mi opinión no es un supuesto injustificable” que decir “Pienso”. Si usted usa frases hechas, no sólo no tiene que buscar las palabras; tampoco se debe preocupar por el ritmo de las oraciones, puesto que por lo general ya tienen un orden más o menos eufónico. Cuando se redacta de prisa -cuando se dicta a un taquígrafo, por ejemplo, o se hace un discurso público- es natural caer en un estilo latinizado y pretencioso. Muletillas como “una consideración que debemos tener en mente” o “una conclusión con la que todos estaríamos de acuerdo” ahorran a muchos una expresión cuya construcción les produciría un síncope. El empleo de metáforas, símiles y modismos trillados ahorra mucho esfuerzo mental, a costa de que el significado sea vago, no sólo para el lector sino también para el que escribe. Ésta es la importancia de la mezcla de metáforas. El único fin de una metáfora es evocar una imagen visual. Cuando estas imágenes chocan -como “El pulpo fascista cantó la canción del cisne”, “la bota militar fue arrojada al crisol”- se puede dar por cierto que el autor no está viendo la imagen mental de los objetos que está nombrando; en otras palabras, que no está pensando realmente. Veamos de nuevo los ejemplos que presenté al comienzo de este ensayo. El profesor Laski (1) usa cinco negativos en 54 palabras. Uno de éstos es superfluo y quita sentido a todo el pasaje, y además hay un desliz -ajeno por afín- que agrava el sinsentido, y varias muestras evitables de torpeza que aumentan la vaguedad general. El profesor Hogben (2) hace saltar una piedra en el agua con una batería capaz de prescribir reglas, y, al tiempo que desaprueba la expresión cotidiana que utiliza, no está dispuesto a buscar “egregio” en el diccionario para ver qué significa; (3), si se adopta una actitud poco caritativa, simplemente carece de sentido: tal vez se podría desentrañar su significado intencional leyendo todo el artículo en el que aparece. En (4) el autor sabe más o menos lo que quiere decir, pero la acumulación de frases trilladas ahoga el sentido como la hojas de té obstruyen un lavaplatos. En (5) las palabras y el significado casi no guardan relación. La gente que escribe de esta manera manifiesta un significado emocional general -detesta una cosa y quiere expresar solidaridad con otra- pero no está interesada en los detalles de lo que está diciendo. En cada oración que escribe, un escritor cuidadoso se hace al menos cuatro preguntas, a saber:
¿Qué intento decir?
¿Qué palabras lo expresan?
¿Qué imagen o modismo lo hace más claro?
¿Esta imagen es suficientemente nueva para producir efecto?
Y quizá se haga dos más:
¿Puedo ser más breve?
¿Dije algo evitablemente feo?
Pero usted no está obligado a encarar todo este problema. Puede evadirlo dejando la mente abierta y permitiendo que las frases hechas lleguen y se agolpen. Ellas construirán las oraciones por usted -y, hasta cierto punto, incluso pensarán sus pensamientos por usted- y si es necesario le prestarán el importante servicio de ocultar parcialmente su significado, aun para usted mismo. A estas alturas, la conexión especial entre política y degradación del lenguaje se torna clara.
En nuestra época es una verdad general que la escritura politica es una mala escritura. Cuando no es así, el escritor es algún rebelde que expresa sus opiniones privadas y no la “línea del partido”. La ortodoxia, cualquiera que sea su color, parece exigir un estilo imitativo y sin vida. Los dialectos políticos que aparecen en panfletos, artículos editoriales, manifiestos, libros blancos y discursos de los subsecretarios varían, por supuesto, entre un partido y otro, pero todos se asemejan en que casi nunca emplean giros de lenguaje nuevos, vívidos, hechos en casa. Cuando un escritorzuelo repite mecánicamente frases trilladas en la tribuna -”bestial”, “atrocidades”, “talón de hierro”, “tiranía sangrienta”, “pueblos libres del mundo”, “marchar hombro a hombro”- se tiene el extraño sentimiento de no estar viendo a un ser humano vivo sino a una especie de maniquí: un sentimiento que se torna más intenso en los momentos en que la luz ilumina los anteojos del orador y se ven como discos vacíos detrás de los cuales no parece haber ojos. Y esto no es del todo imaginario. Un orador que emplea esa fraseología ha tomado distancia de sí mismo y se ha convertido en una máquina. De su laringe salen los ruidos apropiados, pero su cerebro no está comprometido como lo estaría si eligiese sus palabras por sí mismo. Si el discurso que está haciendo es un discurso que acostumbra hacer una y otra vez, puede ser casi inconsciente de lo que está diciendo, como quien entona letanías en la iglesia. Y este reducido estado de conciencia, aunque no es indispensable, es de todos modos favorable para la conformidad política.
En nuestra época, el lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible. Cosas como “la continuación del dominio británico en la India “, “las purgas y deportaciones rusas”, “el lanzamiento de las bombas atómicas en Japón”, se pueden defender, por cierto, pero sólo con argumentos que son demasiado brutales para la mayoría de las personas, y que son incompatibles con los fines que profesan los partidos políticos. Por tanto, el lenguaje político está plagado de eufemismos, peticiones de principio y vaguedades oscuras. Se bombardean poblados indefensos desde el aire, sus habitantes son arrastrados al campo por la fuerza, se balea al ganado, se arrasan las chozas con balas incendiarias: y a esto se le llama “pacificación”. Se despoja a millones de campesinos de sus tierras y se los lanza a los caminos sin nada más de lo que puedan cargar a sus espaldas: y a esto se le llama “traslado de población” o “rectificación de las fronteras”. Se encarcela sin juicio a la gente durante años, o se le dispara en la nuca o se la manda a morir de escorbuto en los campamentos madereros del Ártico: y a esto se le llama “eliminación de elementos indignos de confianza”. Dicha fraseología es necesaria cuando se quiere nombrar las cosas sin evocar sus imágenes mentales. Veamos, por ejemplo, a un cómodo profesor inglés que defiende el totalitarismo ruso. No puede decir francamente: “Creo en el asesinato de los opositores cuando se pueden obtener buenos resultados asesinándolos”. Por consiguiente, quizá diga algo como esto:
Aunque aceptamos libremente que el régimen soviético exhibe ciertos rasgos que un humanista se inclinaría a deplorar, creo que debemos aceptar que cierto recorte de los derechos de la oposición política es una consecuencia inevitable de los períodos de transición, y que los rigores que el pueblo ruso ha tenido que soportar han sido ampliamente justificados en la esfera de las realizaciones concretas.
El estilo inflado es en sí mismo un tipo de eufemismo. Una masa de palabras latinas cae sobre los hechos como nieve blanda, borra los contornos y sepulta todos los detalles. El gran enemigo del lenguaje claro es la falta de sinceridad. Cuando hay una brecha entre los objetivos reales y los declarados, se emplean casi instintivamente palabras largas y modismos desgastados, como un pulpo que expulsa tinta para ocultarse. En nuestra época no es posible “mantenerse alejado de la política”. Todos los problemas son problemas políticos, y la política es una masa de mentiras, evasiones, locura, odio y esquizofrenia. Cuando la atmósfera general es perjudicial, el lenguaje debe padecer. Podría conjeturar -una suposición que no puedo confirmar con mis insuficientes conocimientos- que los lenguajes alemán, ruso e italiano se deterioraron en los últimos diez o quince años como resultado de la dictadura.
Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento. Un mal uso se puede difundir por tradición e imitación aun entre personas que deberían saber y obrar mejor. El lenguaje degradado que he examinado es, en cierta forma, muy conveniente. Expresiones como “un supuesto no injustificable”, “una consideración que siempre debemos tener en mente”, dejan mucho que desear, no cumplen un buen propósito, son una tentación continua, una caja de aspirinas siempre al alcance de la mano. Relea este ensayo, y con toda seguridad encontrará que una y otra vez he cometido las mismas faltas contra las que he protestado. En el correo de esta mañana recibí un panfleto sobre las condiciones en Alemania. El autor me decía que se “sintió impelido” a escribirlo. Lo abrí al azar y ésta es la primera frase que leí: ” [Los Aliados] no sólo tienen la oportunidad de lograr una transformación radical de la estructura social y política de Alemania de tal manera que eviten una reacción nacionalista en la misma Alemania, sino que al mismo tiempo pueden sentar los fundamentos de una Europa cooperativa y unificada”. Cuando se lee que se “sintió impelido” a escribir es de presumir que tiene algo nuevo que decir, pero sus palabras, como corceles de caballería que responden al clarín, se juntan automáticamente en una alineación monótonamente familiar. Esta invasión de la mente por frases hechas (“sentar los fundamentos”, “lograr una transformación radical” ) sólo se puede evitar si se está continuamente en guardia contra ellas, y cada una de esas frases anestesia una parte del cerebro.
Dije antes que la decadencia de nuestro lenguaje es remediable. Quienes lo niegan argumentarían, en caso de que pudieran elaborar un argumento, que el lenguaje simplemente refleja las condiciones sociales existentes, y que no podemos influir en su desarrollo directamente, jugando con palabras y construcciones. Así puede suceder con el tono o espíritu general de un lenguaje, pero no es verdad para sus detalles. Las palabras y las expresiones necias suelen desaparecer, no mediante un proceso evolutivo sino a causa de la acción consciente de una minoría. Dos ejemplos recientes: “explorar todas las avenidas” y “no dejar piedra sobre piedra”, que fueron liquidadas por las burlas de algunos periodistas. Hay una larga lista de metáforas corruptas que también desaparecerían si un buen número de personas se empeñara en esa tarea; y debería ser posible burlarse de la expresión “no informe” hasta que deje de existir, reducir la cantidad de latín y griego en la frase promedio, excluir las locuciones extranjeras y las palabras científicas erróneas, y, en general, lograr que el tono pretencioso pase de moda. Pero todos éstos son puntos menores. La defensa del lenguaje inglés implica más que esto, y quizás es mejor empezar diciendo lo que no implica.
Para empezar, nada tiene que ver con el arcaísmo, con la preservación de palabras y giros obsoletos del lenguaje, ni con la exaltación de un “inglés estándar” del que nunca deberíamos apartarnos. Por el contrario, se trata de desechar toda palabra o modismo que se ha desgastado y perdido su utilidad. Nada tiene que ver con la gramática ni con la sintaxis correctas, que carecen de importancia cuando se expresa claramente el significado, ni con la eliminación de los americanismos, ni con tener lo que se denomina una “buena prosa”. Por otra parte, no se trata de fingir una falsa simplicidad ni de escribir en inglés coloquial. Ni siquiera implica preferir en todos los casos la palabra sajona a la latina, aunque sí implica usar el menor número de palabras, y las más breves, que cubra el significado. Lo que se necesita, por encima de todo, es dejar que el significado elija la palabra y no al revés. En prosa, lo peor que se puede hacer con las palabras es rendirse a ellas. Cuando usted piensa en un objeto concreto, piensa sin palabras, y luego, si quiere describir lo que ha visualizado, quizá busque hasta encontrar las palabras exactas que concuerdan con ese objeto. Cuando piensa en algo abstracto se inclina más a usar palabras desde el comienzo, y salvo que haga un esfuerzo consciente para evitarlo, el dialecto existente vendrá de golpe y hará la tarea por usted, a expensas de confundir e incluso alterar su significado. Quizá sea mejor que evite usar palabras en la medida de lo posible y logre un significado tan claro como pueda mediante imágenes y sensaciones. Después puede elegir -y no simplemente aceptar- las expresiones que cubran mejor el significado, y luego ponerse en el lugar del lector y decidir qué impresiones producen en él las palabras que ha elegido. Este último esfuerzo de la mente suprime todas las imágenes desgastadas o confusas, todas las frases prefabricadas, las repeticiones innecesarias, y las trampas y vaguedades. Pero a menudo usted puede tener dudas sobre el efecto de una palabra o una expresión, y necesita reglas en las que pueda confiar cuando falla el instinto. Pienso que las reglas siguientes cubren la mayoría de los casos:
Nunca use una metáfora, un símil u otra figura gramatical que suela ver impresa.
Nunca use una palabra larga donde pueda usar una corta.
Si es posible suprimir una palabra, suprímala.
Nunca use la voz pasiva cuando pueda usar la voz activa.
Nunca use una locución extranjera, una palabra científica o un término de jerga si puede encontrar un equivalente del inglés cotidiano.
Rompa cualquiera de estas reglas antes de decir un barbarismo.
Estas reglas parecen elementales, y lo son, pero exigen un profundo cambio de actitud en todos aquellos que se han acostumbrado a escribir en el estilo que hoy está de moda. Uno puede cumplir todas ellas y aun así escribir un mal inglés, pero no podría escribir el tipo de banalidades que cité en esos cinco especimenes al comienzo de este artículo.
Aquí no he examinado el uso literario del lenguaje, tan sólo el lenguaje como instrumento para expresar y no para ocultar o evitar el pensamiento. Stuart Chase y otros han llegado a pretender que todas las palabras abstractas carecen de sentido, y han usado esto como pretexto para defender una especie de quietismo político. Si no sabe qué es el fascismo, ¿cómo puede luchar contra el fascismo? Uno no tiene que tragarse absurdos como éste, pero ha de reconocer que el actual caos político está ligado a la decadencia del lenguaje y que quizá puede aportar alguna mejora empezando por el aspecto verbal. Si simplifica su inglés, se libera de las peores tonterías de la ortodoxia. No puede hablar ninguno de los dialectos necesarios, y cuando haga un comentario estúpido su estupidez se tornará obvia, aun para usted mismo. El lenguaje político -y, con variaciones, esto es verdad para todos los partidos políticos, desde los conservadores hasta los anarquistas- es construido para lograr que las mentiras parezcan verdaderas y el asesinato respetable, y para dar una apariencia de solidez al mero viento. Uno no puede cambiar esto en un instante, pero puede cambiar los hábitos personales, y de vez en cuando puede incluso, si se burla en voz bastante alta, lanzar alguna frase trillada e inútil -alguna bota militar, un talón de Aquiles, un crisol, una prueba ácida, un verdadero infierno, o algún otro desecho o residuo verbal- a la basura, al lugar a donde pertenece.
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Escrito por indy2006
