Comentario sobre una conferencia de T. Abraham (1999)

CONGRESO MAR DEL PLATA SOBRE MICHEL FOUCAULT ( Apuntes para una conferencia): sobre una conferencia de T. Abraham sobre filosofía, realidad argentina y M. Foucault

El azar de las lecturas por Internet me llevo a una pagina escrita por Tomas Abraham en 1999, en la cual indaga por el rol de la filosofía de Foucault en el contexto de la actualidad filosófica argentina, y la relación entre esta actualidad y las escuelas filosóficas influyentes en los así llamados países centrales.

Abraham comienza determinando dos fuentes de influencias sobre la actividad filosófica argentina, que se comportaría como una suerte de sucursal de las mismas. Por un lado la ‘neo-escuela de Frankfurt’, y especialmente el pensamiento de Jurgen Habermas, como representantes de las influencias europeas, y por otro lado, la escuela analítica, que representaría las influencias americanas. En ambos casos, Abraham piensa que se trata de influencias esterilizantes, aunque con sentido diferentes.

La filosofía de Habermas, que caracteriza el dominio político como la esfera en la cual es posible idealmente un dialogo no-coercitivo, a diferencia del dominio de la acción instrumental cuyo mecanismo de coordinación es el mercado, es caracterizada lapidariamente como una mera ideología. La búsqueda de universalidad, la de un Bien con fuerza de Ley, la de un consenso dialógico planetario”, serian según Abraham, “el revés de la extrema debilidad de una Europa humillada por los EE.UU, y espectadora del renacimiento de los odios étnicos que siempre la caracterizaron”. Abraham se expresa como Badiou, y refleja un punto de vista muy francés, pero es difícil pensar que en la Alemania reunificada se sienta una humillación o debilidad. Todo lo contrario, Habermas fue uno de los pocos intelectuales alemanes en oponerse a la reunificación de las dos Alemanias, proponiendo un proceso largo que hubiera probablemente evitado muchos de los problemas sociales que azotaron a la antigua Alemania Oriental. También Habermas estaba preocupado en su momento por las posibles resurgencias de una política militarista y de conflictos de poder en Europa Central.

Abraham también parece ignorar que Habermas es probablemente el único intelectual europeo contemporáneo que ha tomado sistemáticamente partido en los principales discusiones políticas e intelectuales de su país. Comenzando por su participación en las discusiones sobre el movimiento estudiantil en los años 60, pasando por la discusión junto a Adorno contra Popper (Discusión sobre el positivismo), sus discusiones sobre el futuro de la socialdemocracia y el neoconversadorismo en los años 70, las discusiones sobre el pasado histórico alemán (Discusión de los historiadores) y contra el anti-iluminismo del pensamiento francés. Estas discusiones son paralelas a una obra teórica de una gran envergadura, cuya pieza de resistencia son los dos volúmenes de la Teoría de la acción comunicativa.

En cuanto a la escuela analítica, Abraham la caracteriza sumariamente como un influencia americana, si bien se trata de una escuela fuertemente enraizada en las filosofías europeas y británicas de comienzos del siglo XX. De estas hereda un fuerte orientación racionalista y anti-metafísica, enemigas de toda substancialización y de todo uso impropio del lenguaje, que estas filosofías consideran el pecado original y la tentación constante del pensamiento. En cuanto a la caracterización de estériles, no hay duda que una buena parte de los escritos académicos, en cualquier disciplina y orientación, no aportan mayormente al desarrollo del conocimiento, y la filosofía no es una excepción. Alumnos tienen que escribir tesis, profesores tienen que publicar para que avanzar en el escalafón, y no siempre buenos maestros son también investigadores fértiles o pensadores originales. Pero quien se detenga en las mejores publicaciones de esta orientación tendrá dificultad en justificar un dictamen tan tonante.

Sorprende sin embargo que Abraham otorgue a la ‘neoescuela de frankfurt’ y a la filosofía analítica un monopolio de la presunta esterilidad del quehacer filosófico argentino, cuando en realidad ambas escuelas son totalmente marginales en lo que hace a la carrera de filosofía universitaria, dominada aun en términos generales por Heidegger y algunos de sus derivativos franceses. En cuanto a la burguesía ilustrada consumidora de cultura, tampoco no son Habermas ni los acólitos de la filosofía analítica quienes tienen la voz tonante. Ali imperan en general Lacan y los pensadores que de alguna manera son afines a las escuelas del pensamiento sicoanalítico de orientación francesa.

Abraham parece estar preocupado por dos problemas. Por un lado la filosofía que se practica en las universidades le parece estéril por ser cipaya. Habiéndose originado en otras latitudes, no comprende el ser nacional y sus problemas. Refleja inconscientemente otra mentalidad, e impone esta en sus alumnos indemnes. El otro problema tiene que ver con la independencia de la filosofía respecto de otras disciplinas. La existencia de un departamento de filosofía le parece un acto incestuoso, es decir, se estudian filósofos que hablan de otros filósofos. Esta bizanteria no debería preocuparnos, si es que este fenómeno no estaría relacionado con la eticización de las relaciones sociales en el capitalismo postindustrial.

Aquí convendría detenerse un minuto y tratar de entender como ve Abraham la relación entre el estudio de los textos filosóficos y de sus comentaristas (esto es en suma lo que aprenden los alumnos de la carrera de filosofía en cualquier universidad del mundo) y la ética como ideología que Abraham caracteriza asi:

“Y quienes han sido los que han espiritualizado y ofrecido la urdimbre para legitimar los poderes de hoy? Las sectas religiosas, las religiones de Estado, y las espiritualidades éticas. El eticismo se propagó en la misma medida en que el poder económico maniataba, y paralizaba la acción de las democracias parlamentarias y la autonomía de los Estados nacionales.

La ética en variadas formas instaló su ilusión de consenso en sociedades cada vez más divididas, sociedades de exclusión, en los que los analistas filosóficos se retozaron en el confort de repetir las recetas de la ilusión y no investigar los modos en que se instauran los nuevos poderes de hoy. Porque el mundo de hoy es una novedad, al menos desde 1989, en que el diagrama planetario no mueve ni las mismas piezas ni lo hace en el mismo tablero ni con los mismos jugadores.

La ética como ideología, la ideología ética es la que se regaló, a veces vendió, para rellenar el vacío de una reflexión sobre lo actual.”

(http://www.tomasabraham.com.ar/conferencias/mdp.htm)

Parecería que Abraham piensa que los alumnos de esas escuelas filosóficas son aquellos que tendrán el rol social de eticizar nuestra concepción de las relaciones sociales antagónicas, unificar mágicamente lo dividido, y conferir a nuestras vidas una significación que la vida diaria no verifica. Todo esto me parece altamente dudoso. En Francia, como bien sabe Abraham, se estudia la filosofía en los colegios secundarios, y los profesores tienen quizás la oportunidad de influenciar los espíritus de sus discípulos. Aun así, esta influencia es de poca monta. Si hay hoy en día cultores de una ideología eticista, estos parecen ser más bien aquellos que nutren las estanterías de autoayuda en las librerías (sobre los que escribió buenas páginas Abraham en La Empresa de Vivir), y no lamentablemente los cultores del Ser ni los aficionados a detectar los ribetes del ser y el deber-ser.

Curiosamente cuando se siente llamado a formular una posición explicita, Abraham retorna a sus fuentes, y nos habla de los agudos análisis de Foucault y Deleuze. Con lo que se demuestra que como la ideología, lo de cipayos es una cuestión de gustos. Yo tengo convicciones, pero el vecino tiene una ideología. Casualmente la relación entre filosofía y ser nacional era un berretín de Heidegger, y especialmente en sus horas mas sombrías.

Queda sin embargo abierto el otro tema, y es la relación entre filosofía y realidad. Es un gesto filosófico típico lamentar la falta de relación entre la práctica intelectual y la realidad. Marx lo dijo claramente en la undecima tesis sobre Feuerbach: basta de interpretar la realidad, se trata de cambiarla. Y acto seguido dedicó a escribir por los próximos 30 años de su vida Das Kapital. Foucault decidió cambiar de profesión y se declaró historiador. Se dice que cuando un físico o un matemático ha superado su momento creativo comienza a dedicarse a los aspectos filosóficos de su disciplina. Esto muestra que pobre opinión tienen muchos científicos sobre los filósofos, opinión que de una u otra forma ciertos filósofos comparten. Para estos, declararse no filósofos es una forma de sacar pecho y hablar fuerte, con la autoridad presunta de la ciencia. Abraham nos recuerda que Foucault se pensaba archivista, lo que probablemente en el imaginario filosófico sean los duros de los duros. Un poco como los físicos en una época, y ahora los biólogos. Lamentablemente los archivistas nunca lo invitaron a compartir una ginebra en los sótanos húmedos donde ejercen su insalubre disciplina. Mas aun, cuando quiso acercarse, se rieron de sus intentos pueriles de crear teorías generales (el gran encierro, la representación en las meninas, el panópticon) de lo que ellos manipulean como casos individuales, cuidadosamente documentados y totalmente no generalizables. Mostraste la hilacha, le dijeron.

Abraham no nos ha dado muchos elementos para abordar el problema de la relación entre filosofía y cultura, así que es bueno que recordemos que esta pendiente. Las soluciones ofrecidas, el rechazo a lo foráneo y lo cipayo, y el sacrificio de la propia disciplina en aras de una pretendida racionalidad mas fuerte, y mas comprometida con lo real, forman parte del repertorio filosófico tradicional. Más que la parte de la solución, son parte del problema.

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