Zizek sobre Badiou aproposito de Evento y Simulacro

En un texto que tiene como propósito analizar la diferencia entre Evento y Simulacro en la obra de Alain Badiou, Slavoj Zizek desarrolla la explicación siguiente:

Todos recordamos la famosa escena en la película Cabaret de Bob Fosse, que transcurre a comienzos de 1930 en una pequeña hostería en las cercanías de Berlín. Un niño, que nos apercibimos en el curso de la canción viste uniforme Nazi, comienza a cantar una triste canción sobre la patria, que debe darle a los alemanes un signo que el mañana les pertenece, etc. Gradualmente la multitud se une al canto, y todos, inclusive un grupo de decadentes trasnochadores de Berlín quedan impresionados por su impacto emocional…Esta escena es frecuentemente evocada por pseudo-intelectuales como el momento en el cual ellos ‘comprendieron finalmente que es lo que significaba el Nazismo, como funcionaba’. Uno estaría tentado de agregar que tienen razón, pero por razones erróneas. No es el pathos del compromiso patriótico como tal que es Fascista. Lo que en realidad prepara el terreno para el Fascismo es la muy liberal sospecha y denuncia de toda forma de compromiso incondicional, de devoción a una Causa como potencial fanatismo ‘totalitario’ –es decir, el problema reside en la misma complicidad de la atmósfera de cínica, decadente e incapacitante auto-satisfacción con el Evento Fascista, con la decisión que pretende (re) introducir orden en este Caos. En otras palabras, lo que es falso en la maquina ideológica Nazi no es la retórica de la Decisión como tal (del Evento que pone fin a la decadencia impotente, etc.) sino –por el contrario— el hecho que el Evento Nazi es una estetizacion teatral, un evento falsificado realmente incapaz de poner fin al decadente y paralizante impasse. Es en este preciso sentido que la común reacción al canto Nazi de Cabaret es correcta por las razones equivocadas: es incapaz de percibir como nuestro placer cínico previo en las canciones decadentes de cabaret sobre dinero y promiscuidad sexual crearon el trasfondo que nos hizo susceptibles al impacto de la canción Nazi.
(S. Zizek, The Ticklish Subject, Verso, London-New York, 1999, p. 139 [traduccion propia])

Lo que Zizek rechaza de plano es la acusación de fanatismo que podría aplicarse a totalitarismos de derecha y de izquierda, y con gran habilidad devuelve esta acusación a los acusadores. Aquellos que cínicamente descreen de todo compromiso, son aquellos mismos que abonaron el terreno del fascismo. Si examinamos el párrafo con detenimiento, observaremos, sin embargo, que falta un eslabón en este razonamiento. Hay un salto mortal, pero lamentablemente el abismo es demasiado aun para un acróbata como Zizek. El eslabón faltante es la conexión entre ‘la muy liberal sospecha y denuncia de toda forma de compromiso incondicional, de devoción a una Causa como potencial fanatismo “totalitario’’ ‘ y ‘nuestro placer cínico previo en las canciones decadentes de cabaret sobre dinero y promiscuidad sexual’. Para Zizek parece evidente que no hay diferencia ente inquietarnos por las posibles consecuencias de un entusiasmo fácil y la presunta decadencia de los bohemios que visiten los cabaret berlinenses. Hanah Arendt y Popper estarian en la misma liga que los disolutos turistas y nuevos ricos que hacen correr la champaña en las noches locas, y justamente ellos son quienes, quizás retroactivamente, contribuyeron a que se establezca el simulacro de evento que se llamo Nazismo. No en todo caso el decisionismo que Carl Schmitt entronizo como fundamento del sistema legal del Reich, puesto que este decisionismo esta demasiado próximo a lo que a falta de mejor fundamento, ahora Badiou y Zizek proponen como base de una nueva política en la era post-socialismos realmente existentes.

Es una pena que Zizek haya elegido este camino, porque si reflexionamos sobre el problema, debería estar claro que la solución esta justamente en lo que pretende esquivar, en la diferencia entre el verdadero evento y su simulacro, entre una autentica emancipación humana y aquellas formas que colonizando el anhelo de emancipación, se sirven de el para forjar nuestras cadenas. De no afrontar la verdad inconveniente, la proximidad escalofriante de los totalitarismos, la capacidad infinita de servidumbre que se esconde en cada presunta forma de liberación, los terribles peligros del Mesianismo, no podremos escapar del círculo vicioso.

El decisionismo es el síntoma, no la causa del totalitarismo. Es la forma ideológica que reviste su falta de transparencia, su obstinado rechazo de la más mínima alternativa. Zizek aparentemente presiente obscuramente en una de sus muchas digresiones que hay aquí un problema:

es como si, si para expresa la estructura formal de fidelidad al Evento-Verdad, uno debiera hacerlo en referencia a un evento que es meramente su propio simulacro. Quizás la lección de todo esto sea mas radical de lo que parece; ¿que ocurriría si lo que Badiou llama el Evento-Verdad es, en su mayor radicalidad, un acto puramente formal de decisión, no solamente no basado en una verdad real, sino en el fondo indiferente al status preciso (real o ficticio) del Evento-Verdad al que se refiere? ¿Que ocurriría si nos estamos ocupando aquí de un componente clave del Evento-Verdad —que ocurriría si la verdadera fidelidad al Evento es ‘dogmatica’ en el sentido preciso de una Fe incondicionalidad, de una actitud que no busca buenas razones, y que por esa misma razón, no puede ser refutado por ninguna ‘argumentación’? (op. cit., p. 144)

Probablemente lo primero que ocurriría es que nos quedaríamos sin ningún criterio para diferenciar Evento de Simulacro, emancipación de esclavitud, filosofía de ideología.

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