Acerca de una nueva traduccion al castellano de la Fenomenologia de Hegel

Sobre la traducción de Manuel Jiménez Redondo de la Fenomenología del Espíritu de G. W. F. Hegel, ed. Pre-textos, 2006, Valencia, España ( http://www.pre-textos.com), 1176 pp.

Hay que elogiar esta nueva traducción de la Fenomenología del Espíritu. A Evodio Escalante le molesta esta traducción, entre otras cosas, por abundar en corchetes, paréntesis, propuesta de alternativas de lectura, etc., que caracteriza como “puntillosa versión parafrástica y desglosada ” (La Jornada Semanal, 29 de abril de 2007 Num: 634: http://www.jornada.unam.mx/2007/04/29/sem-evodio.html ).

Lo que le parece a Escalante condenable, me parece precisamente elogiable. En efecto, es una traducción tal como la describe. Es cierto que sería dificultoso leer así un libro, lleno de corchetes y de propuestas alternativas de traducción, si se tratara de una novela o un libro filosófico introductorio, o incluso una obra, por ejemplo de Kant.

Pero Hegel tiene un estilo nada condescendiente con el lector. A Hegel no le parece adecuado nombrar demasiado a autores a quienes critica o a quienes simplemente hace referencia. Él hace referencia a sus ideas y poco le importa quién fue el filósofo que las expuso, si fué un judío excomulgado como Spinoza, un sedentario como Kant, un trotamundos como Demócrito o un sabio como Epicuro en su jardín. Casi no nombra a portadores de ideas, sino solo sus ideas, engarzadas unas con las otras en una marcha disciplinada tal como aparecen en su mente ansiosa de rigor filosófico.

Su rigor es además lacónico. Y para colmo, nuestro medio cultural carece de la preparación del lector al que Hegel dirige su obra. No es fácil salvar las distancias culturales e históricas.

Redondo propone entonces una novedosa estrategia. Llenar al libro de comentarios en la marcha, y sí, corchetes, paréntesis, paráfrasis, alterntivas de traducción. Incluso invita al lector a corregir según su entendimiento, no la obra, sino su comprensión.

Nada molesto hay en todo esto tratándose de una obra que requiere, si no es ya ella misma la propuesta, un curso de lectura lenta. Si de todos modos se lee lentamente, los corchetes solo ayudan a pensar y, como Hegel querría, repensar lo pensado para descubrir nuevos niveles de comprensión. Más aún, a un lector sin tiempo o sin paciencia, lo invita a detener su corrida. tomar aliento y a leer con atención.

Ademas, es elogiable que incluya directamente los términos alemanes para facilitar al lector saber a qué atenerse en cada caso. Si el lector no sabe alemán, aprenderá al menos términos en la marcha, y si domina el idioma, aunque no tanto ya que se ve necesitado de una traducción, mejorará su comprensión.

Luego de la clásica traducción de Wenceslao Roces (Mexico, Fondo de Cultura), esta nueva traducción es una invitación a una relectura de Hegel, llena de sorpresas y sobre todo, de invitación al pensamiento.

Si la filosofía no tiene otra meta que ser filosofía, ¿Qué apuro hay? ¿Porqué no leer leyendo alternativas de lectura, tal como Redondo nos propone? Redondo ha hecho una traducción “abierta”, sin respeto por sus propias propuestas. El único respeto, la única autoridad que reconoce, es el texto original de Hegel, al cual viene a servir con todos los manjares y platos alternativos que la culinaria idiomática española puede ofrecer.

Oded Balaban
Departamento de Filosofía
Universidad de Haifa, Israel
http://philo.haifa.ac.il/faculty_pages/balaban.htm

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