Badiou y el destino de la filosofia

En un articulo publicado hace unos años (Badiou, 2005), Alain Badiou analiza la singularidad de la filosofía francesa, y sugiere tímidamente que quizás el mismo sea uno de los hitos de la gran filosofía francesa contemporánea, y quizás el ultimo representante de una línea que comienza en 1934 con la publicación del Ser y la Nada de Sartre.

Los comentarios de Badiou sobre la historia y el destino de la filosofía francesa son un tanto sorpresivos, porque Badiou es justamente conocido por su defensa de la filosofía. Este tipo de reflexiones son en general indicativas de una actitud resignada que concede el ocaso de un periodo histórico-cultural. Es también paradojal que Badiou, que defiende la perennidad de la filosofía, este al frente de un instituto de estudios de la filosofía francesa, el tipo de instituto que consagra como clásicos los logros de una civilización perimida. El ocaso presunto de esta filosofía no parece corresponderse tampoco con la vitalidad de su transplante al mundo anglosajón, a consecuencia del cual se generaron series de fertilizaciones cruzadas cuyo producto es lo que popularmente se conoce en este medio como Teoría (o ‘French Theory’), un inestable y creativo ecosistema donde diversas corrientes del pensamiento francés compiten y colaboran furiosamente con el pensamiento postcolonial, con los Cultural Studies, y con corrientes mas tradicionales.

El argumento de Badiou puede entenderse mejor si aceptamos que para Badiou el triunfo de la filosofía francesa (por ejemplo en el mundo anglosajón), viene a expensas de la conversión de la filosofía en otra cosa, ya sea en un saber de tipo positivo (por ejemplo: ciencias sociales, estudios cognitivos o reflexión estética) o en una mera tarea propedéutica (y aquí se reencuentran paradójicamente el deconstruccionismo de Derrida y la practica de la filosofía analítica al estilo de Wittgenstein y sus discípulos).

Badiou define filosofía ‘el lugar del pensamiento en el cual se enuncia la existencia de las verdades y su componibilidade’ (Badiou, 1999, 141). Es decir, en primer lugar, que la filosofía proclama verdades, pero no las produce. La producción de verdades pertenece a otros ámbitos del pensamiento y de la acción humana. En segunda lugar, estas verdades son componibles, es decir que es concebible pensar que podemos elaborar un discurso en el cual las distintas verdades pueden ser integradas en forma coherente. Al igual que el arte, la filosofía es creación de un discurso, y este discurso es segun Badiou del orden de la ficción. Ficción no en tanto que opuesto a real, sino en tanto que creación y no reproducción de algo previamente existente. En ese sentido, Badiou encuentra similitud entre la creatividad de la matemática y de la poesía.

Badiou distingue cuatro dominios en los cuales se producen lo que posteriormente una filosofía puede declarar como verdades. Estos dominios son: (1) la ciencia, especialmente las matemáticas; (2) el arte, especialmente la poesía; (3) la política, especialmente entendida como política emancipatoria; (4) el amor, o la creación de una unidad a partir de la diferencia entre dos seres sexuados.

Una verdadera filosofía ‘anuda en si misma el sistema de sus condiciones’. El concepto de nudo remite a Lacan, quien lo toma de las matemáticas. Badiou quiere aquí recalcar que la relación de fundamento o cimiento que encontramos en una filosofía entre esta y los cuatro dominios de verdad es retroactiva y no genética. La creación de una teoría filosófica permite tanto enunciar la verdad de sus cimientos como componer a estos en una totalidad coherente.

Existen dos modalidades perversas de filosofía. La primera, que Badiou llama también catástrofe en alguno de sus escritos, consiste en la reducción de la filosofía a uno de sus presupuestos. Badiou llama a esto ‘sutura’, un término derivado de Lacan y de J. A. Miller. Una sutura cierra una herida o un espacio vacío, pero obviamente esta metáfora no quiere indicar la labor reparativa de un cirujano competente sino una violencia. Badiou llama al mismo fenómeno también bloqueo, lo que presupondría una circulación entre ámbitos, idea que no desarrolla.

Badiou trae los siguientes ejemplos de sutura o bloqueo: a) la reducción de la filosofía a la política en el marxismo; b) la reducción de la filosofía a la ciencia en el neopositivismo y en la filosofía analítica; c) la reducción de la filosofía al arte en el pensamiento de Heidegger y en el postmodernismo. Esta reducción o sutura también puede existir en otros dominios, y el mas importante es la reducción del dominio de la política a la ciencia en el estalisnismo. (Cf. Badiou, 1999: ch 6).

La segunda modalidad perversa de la filosofía es la religión. Por religión entiende Badiou la presuposición de una continuidad entre ‘verdades y circulación de sentido’. El modo de pensamiento de la religión es la hermenéutica o explicación del sentido. El modo de la filosofía es, al menos en parte, substracción del pensamiento de toda presuposición de presencia. El uso del concepto de religión para caracterizar este modo de pensamiento (por supuesto el concepto de ‘modo de pensamiento’ es ajeno al pensamiento de Badiou y debe considerarse como una trascripción de su pensamiento a otro registro, como en música adaptamos una melodía a las capacidades especificas de un instrumento) es obviamente polémico, y debe ser entendido en sentido amplio. Lo importante para Badiou es recalcar la falta de continuidad y el salto entre las filosofías y sus condiciones.

Además de sus condiciones perversas, la filosofía tiene su alter-ego en la sofistica. El sofista es externamente indiscernible del filósofo, y se diferencia de este subjetivamente, puesto que la sofistica apunta a evitar toda afirmación positiva acerca de la verdad. La filosofía es por lo tanto lo que se opone a un discurso que externamente es indiscernible del discurso filosófico. Esto permite desarrollar una dialéctica, uno de cuyas figuras es la tentación de acabar de una vez por todas con el sofista, para lo cual la filosofía debe usurpar el titulo de productora de verdades. Bajo el nombre sofistica Badiou entiendo no solamente a los sofistas históricos, sino también a otros momentos de la filosofía, y en particular, a la filosofía analítica. Ambos movimientos se apoyan en el lenguaje y en particular en el lenguaje ordinario.

Badiou ofrece como ejemplos la filosofía de Platón, y el periodo formativo de la filosofía moderna, sin embargo solo la primera es analizada en algún detalle. Particularmente enigmático en este caso es la afirmación que en Platón encontramos tanto la forma mas prístina de filosofía, y también en la obra tardía de Platón su ruina, caracterizada por la expulsión del sofista de la ciudad en Las Leyes (p. 134). Según Badiou, el joven Platón sabia que tenia que superar las controversias sutiles de los sofistas al tiempo que debía asimilar de estos los problemas de su tiempo (p. 98). Esta educación la resume Badiou así: el ser es esencialmente múltiple. La preocupación mayor de Badiou es como reconciliar unidad y multiplicidad de la verdad (ch 11). Es menos informativo sobre la razón de esa multiplicidad que es a la vez necesaria y fatal para la filosofía.

Para renovar el momento fundador del platonismo, Badiou recurre a la elaboración de una categoría que permita pensar la multiplicidad genérica, es decir, en el fondo, ‘los regimenes de producción, en múltiples situaciones, de múltiples genéricos produciendo verdades de sus situaciones’ (105). Si encuentra o no esta categoría mediante su elaboración de la teoría de los conjuntos matemáticos es en el fondo poco importante. Mas importante es saber si los ‘múltiples genéricos’ se refieren ya sea mediata o inmediatamente a individuos concretos. O si la multiplicidad y la unidad persisten en su separación, condenados a una irreconciliable enemistad.

La propuesta de Badiou contiene dos aspectos. El primero concibe la filosofía como enunciación de verdades. Esta enunciación se parece demasiado al rol tradicional de la filosofía como reina de las ciencias, adjudicando a cada disciplina del saber su rango y su lugar, y es poco creíble en un mundo de creciente fragmentación y especialización de los saberse y las practicas. Y por otro, ¿de donde provendría la autoridad que haría posible esa enunciación magistral?

El segundo elemento es la conciliación de las verdades producidas en ámbitos y prácticas específicas. Es esta necesidad de conciliación que se refleja quizás en la oposición no resuelta entre unidad y multiplicidad que Badiou se empeña en analizar en términos antológicos. Badiou reconoce la necesidad de incorporar al sofista a su propuesta de discurso filosófico futuro, o como lo denominaba Ricoeur en un sentido mas amplio, a los practicantes de la hermenéutica de la sospecha. Quizás su platonismo sea una ilusión necesaria de la filosofía, por siempre renovada y continuamente frustrada.

Bibliografía:

Badiou Alain. Manifesto for Philosophy, translated, edited and with an introduction by Norman Madarasz, State University of New York Press, Albany, 1999 (traduccion al ingles de Manifeste pour la philosophie, Paris, 1989, y de los ensayos ‘Le (re)tour de la philosophy elle-meme’ y ‘Definition de la philosophie’, ambos publicados en 1992).

Badiou Alain. The Adventure of French Philosophy, New Left Review, 35, September -October 2005, pp. 67-77

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