Una frequente mala interpretacion de Levinas

Jacob Rogozinski escribe a propósito de Levinas (Le moi et la chair, introduction a l’ego-analyse, Paris, 2006, p. 110):

La humanidad del hombre se definiría por su situación de perseguido o de rehén, es decir por su pasividad, por su impotencia insuperable, su falta de libertad. Es así que el ego cartesiano se nos había aparecido inicialmente, amenazado de muerte, perseguido por otro que trata de destruirlo. Pero la situación se da vuelta y descubrimos que esa amenaza es aquello que lo convoca a la existencia; que su existencia es inseparable de su resistencia al Gran Perseguidor. He aquí lo que el humanismo victimario no admite: la paradojal experiencia en la cual la pasividad del perseguido se invierte en un acto de resistencia, en el cual el yo mío experimenta su libertad, una libertad más soberana que todo poder en el mundo.

Un poco mas adelante, agrega, comparando la posición de Levinas y la de Heidegger sobre el Sujeto:

[su] posición es simétrica a la de Levinas; mientras que el pensador alemán no ve en el ego cartesiano mas que una voluntad de poder conquistadora, el autor de De Otro Modo que Ser, celebra por el contrario la pasividad absoluta de un yo arrinconado en si mismo, incapaz de enfrentar a su perseguidor. (p. 111)

Cuando Levinas habla de rehén y de persecución, no esta pensando que la experiencia constitutiva de hombre sea la experiencia de ser perseguido, sino la experiencia del otro como perseguido que apela mi ayuda, o quizás en situaciones mas raras pero no imposibles, en la experiencia de mi mismo como perseguidor y agresor.

Cabe preguntarse que es lo que impide que Rogozinski, un lector atento de la obra de Levinas, diferencie estas dos situaciones. ¿A que obedece el impulso irresistible de ver en la ética de Levinas una ética del perseguido, del humillado y del desterrado y no una ética que reconoce que una de cuyas posibilidades fundamentales del hombre, pero en ningún caso la única, es la de ser un predador?

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