Acerca de Vestigios de Ernst Bloch

Vestigios (Spuren) publicado originalmente en 1930, y reeditado con adicionales en 1969, es una colección de historias, observaciones, fragmentos de cuentos populares de orígenes variados (los cuentos Jasídicos se mezclan con narraciones de las Mil y una Noche, literatura popular Rusa, escritores menores Alemanes casi olvidados, etc.) punteada de tanto en tanto por reflexiones y generalizaciones. Bloch no nos ofrece mucho apoyo, ni promete guiarnos paternalmente de la mano.

Escrito entre 1910 y 1929, Vestigios coincide parcialmente con la redacción del Espíritu de la Utopía (publicado originalmente en 1918 y republicado con cambios en 1923), libro en el cual Bloch adopta un marxismo profundamente heterodoxo. Los eventos dramáticos de ese periodo, que incluyen la Primera Guerra Mundial a la que se opuso activamente, su autoexilio en Suiza, el fallecimiento de su primera mujer, las luchas internas de la República de Weimar, la influencia creciente del Nacional-Socialismo, se reflejan solo pálidamente.

La única indicación de orden general que Bloch nos ofrece y que podemos usar como introducción a la lectura se encuentra en la sección denominada ‘Tomar Nota’. Bloch escribe allí: ‘Lo que es minúsculo y raro muchas veces nos lleva lo más lejos. Este tipo de historias no son solamente narradas, sino que algo acontece allí. De los incidentes viene un tomar nota, que revela en los pequeños incidentes trazas y ejemplos. Ellos apuntan a un menos o a un mas que deben ser pensados en la narración. Hay cosas que solo pueden ser captadas por medio de este tipo de historias.’Su pequeñez y trivialidad aparente las distinguen del fárrago de eventos cotidianos. Tienen la pequeñez de lo verdadero y de lo que esta disperso en todo comienzo verdadero.’ Aunque Bloch se esta haciendo eco de un lenguaje de tipo cabalístico, la continuación muestra que sus intenciones son completamente seculares: ‘dan el signo para la salida de la serie, para una potencial negación del destino, o al menos para un destino manejable’.

Bloch se abstiene en general de extraer una moraleja de estas historias. Estas no son meras excusas para la elaboración de un credo filosófico, o para establecer una conclusión de tipo moral sino, aparentemente, invitaciones a una experiencia personal. La experiencia, y no el contenido ostensible de estas historias seria la materia prima que serviría para una eventual elaboración filosófica y política.

Vestigios esta organizado en una introducción que no lleva titulo, y cuatro capítulos intitulados respectivamente: Situación, Destino, Existencia y Cosas. Pero según Bloch el libro es una lectura de vestigios en todas las direcciones, las secciones solo dividen el lienzo, pero en el fondo todo lo que uno percibe y se representa es lo mismo. Lo mismo vale para el origen de los relatos. Cuentos populares y fragmentos literarios son cuidadosamente escogidos y colocados en su lugar en una tarea que se asemeja a la composición de un mosaico o de un mueble damasquinado. Algunas secciones son cortas, un par de párrafos a lo sumo. Otras, mas extensos, son una combinación de cuentos e historias de orígenes diversos, cada uno reflejando y amplificando a las otras. La misma diversidad aparece en el origen y la ambientación de las historias. Unas pocas parecen referir a la estadía de Bloch en Paris, algunos podrían hacer referencia al periodo de hiperinflación en los años 20, otros fueron agregados para la segunda edición, publicada en 1969, sin que nada en el texto traicione su origen. Tampoco abundan las referencias a sus contemporáneos, apenas algunos nombres al azar explícitamente mencionados, entre ellos Martín Buber (especialmente como recopilador y editor de cuentos jasidicos), el escritor y dramaturgo Paul Ernst, y el emperador Guillermo II. Walter Benjamín, aunque no explícitamente nombrado, es citado implícitamente en por lo menos en dos oportunidades. Bloch había en su momento reseñado Calle de sentido único (1928), colección de fragmentos y observaciones muy similar al libro de Bloch, y ambos se conocían bien, habiendo compartido el exilio en Suiza, y habrían de compartirlo nuevamente durante unos meses en Paris luego de la ascensión de Hitler al poder.

El primer capitulo, ‘Situación’, es el más claramente político en el sentido habitual. Uno de las secciones, ambientada en 1928, nos retrotrae a un hecho menor, que probablemente no mereció siquiera entrar en la crónica policial. Es el 14 de Julio y el pueblo festeja bailando en las calles de Paris. Un auto, cuyo conductor usa un sombrero de paja, intenta atravesar la calle. Entre el público y el automovilista se desarrolla un enfrentamiento. La confrontación no es violenta. El automovilista pretende circular y el público se lo impide. Luego una joven insulta con gracia al automovilista, y alguien le arrebata el sombrero de paja, Finalmente el automovilista decide abandonar el lugar, dejando detrás el sombrero como trofeo de guerra. El pueblo festeja esta victoria simbólica sobre un representante de la Bastilla. Nada ocurrió realmente, las cosas no pasaron a mayores y al poco tiempo aun la calle rebelde olvida que ellos revivieron a su manera la historia que la ciudad entera celebraba ese día. Solo esta pequeña historia expectante preserva el evento para nosotros meditemos sobre el sentido de este simbólico y minúsculo episodio de la lucha de clases.

Con un contenido político aun mas marcado es la sección ‘Antojo Inquietante’, en la cual Bloch pone en escena un dialogo entre en un comunista y un intelectual simpatizante ‘enlutado e irascible’. Bloch parece tomar partido por el comunista contra el intelectual bien intencionado, concluyendo: si algo peor llega a pasar (¿Estalinismo?), por lo menos se limpiara la mesa y podremos ver a ciencia cierta lo que son los hombres y mujeres libres, o al menos lo que aun no son. En el mismo espíritu comenta Bloch la escena de un obrero, comiendo con sus ‘manos callosas’ una langosta en un bar parisino popular. Lo que Bloch retiene es la inmediatez del gozo, no mediatizado por placeres espurios, ni moralmente sospechoso por no ser el fruto de ganancias de un capital improductivo.

En ‘Triunfos de la tergiversación’, Bloch arma una cadena de cuentos cortos que tratan de expectativas y decepción. En el primer cuento un hombre retorna a su ciudad luego de una larga ausencia, y busca a su antigua novia. Allí se entera que ella esta en el hospital, corre a buscarla y descubre que ella es medica y trabaja allí. En la segunda historia un padre buscar su hija fugada, y descubre que ella esta en otra ciudad. Cuando logra por fin llegar a ella, le informan que ha fallecido recientemente. Pide de todas formas su dirección pues quiere al menos ver su domicilio. Acude a la policía en busca de información, y el funcionario que lo atiende le dice que esta equivocado, que esta viva. Cuando finalmente llega a la vivienda, toca la puerta y le abre su hija, el padre exclama: ¿porque no eres más alta? Finalmente, una legenda Jasidica sobre cuya ambientación Bloch es evasivo, pudiendo haber ocurrido en la época Napoleónica o quizás en Alejandría, o en alguna otra gran ciudad. Un anciano que habita en un altillo miserable descubre que la ciudad esta a punto de caer en manos de un gran emperador. Deambula por las calles y se une a un grupo de habitantes que han decidido abandonar la ciudad y entregarse al invasor. En el camino los intercepta una patrulla enemiga, y los conduce prisioneros frente al emperador como presuntos espías. Al ver al anciano el emperador se arroja a tierra y besa sus manos. El anciano era el ‘Maestro de las Plegarias’, a quienes sus conciudadanos no habían sabido reconocer.

¿Que es lo que esta realmente en juego en estas historias de tergiversación y desengaño? Según Bloch, estas historias tienen en común seria el impulso, primero reprimido, y luego gratificado, de ser alguien. El destino literario y legendario corrige levemente la realidad en la cual los seres humanos viven como si no fuera realmente suya. ‘Y mientras que en nuestra sociedad el azar o su representante (el emperador) tienen que intervenir para corregir la tergiversación, en la sociedad futura esto será dejado de lado, y no habrá ni privilegio ni grandeza privada’.

En ‘La firma de Potemkin’, Bloch recuerda una anécdota que también Benjamín utilizó. Según la historia, el primer ministro Potemkin sufre periódicamente crisis depresivas en las cuales el estado se paraliza. En una de estas crisis, un joven secretario de nombre Petukow decide tomar las cosas en sus manos, y forzar la voluntad del poderoso ministro. Petukow toma los decretos y resoluciones que requieren la firma de Potemkin y sin más se los presenta junto con la pluma. Potemkin no dice palabra y firma obedientemente los papeles que le alcanza el secretario. Este sale de la habitación en penumbras, y entrega los papeles firmados a los funcionarios que esperan en la antecámara. Los funcionarios ya se aprestan a enviar los documentos firmados a los cuatro confines del Imperio, cuando uno de los mas ancianos funcionarios descubre que los documentos están firmados Petukow, Petukow. Bloch ve en esta historia no solo la descripción de la melancolía sino una enseñanza más general. La historia nos enseñaría ‘que poca cima hay por encima de la neblina que es el hombre, como su nombre y su carácter a menudo son como una isla en su seno’. Benjamín, quien narra esta misma historia en su ensayo Franz Kafka: en el décimo aniversario de su muerte ve en la historia una anticipación de El Castillo. Potemkin y Petukow (que en la versión de Benjamín se llama Shuvalkin) son parábolas de la naturaleza del poder en las sociedades modernas.

En un orden totalmente distinto, Bloch pondera el sentido de alguna de las expresiones mas carentes de sentido del lenguaje: ‘¿Como está usted? ¿Todo bien?’ ¿Porque preguntamos y nos apresuramos a contestar? Quizás porque normalmente las cosas no van tan bien, y en realidad no tenemos un verdadero interés in nuestro prójimo? Bloch propone sin embargo una interpretación más optimista y casi mística. Estas formulas serian anticipaciones, como si alguien nos saludara desde un mundo mejor. Así también ocurre cuando miramos a un pueblo pequeño y escuchamos manar la felicidad de los balcones y los ventanales. Es irrelevante para el caso que en realidad este pueblo, observado con mayor detenimiento sea un antro maléfico. Lo interesante para Bloch es nuestra propensión a dejarnos encantar. Para Bloch se trata de un promesa, que no tiene necesariamente que cumplirse, una promesa que puede bien decepcionarnos y arrojarnos al abismo, pero que también ocasionalmente apunta a la tendencia a ‘todo va bien’ de las cosas. La explicación es anti-subjetivista. Nuestra fe, aun sin garantías, esta amarrada a la realidad de las cosas. Nuestra fe en un mundo mejor no es meramente ilusión subjetiva, un mero querer creer que las cosas pueden ser mejores, sino que esta amparada en una realidad objetiva que al menos podemos experimentar en ciertas situaciones.

Un buen ejemplo de esta peculiar combinación entre una metafísica de la esperanza y realismo en los comentarios de Bloch a un cuento Jasídico en si bastante banal. Un comerciante de la ciudad de Maguncia visita a un rabino famoso y le pide ayuda antes de emprender una travesía. El comerciante tiene un presentimiento funesto, y le pide al rabino un amuleto. El rabino no tiene nada que darle, pero toma de su escritorio un resto de vela casi consumido y se lo entrega. El muñón de vela tendrá un rol en salvar la vida de este comerciante. La historia en si no tendría mayor interés, sin el comentario de Bloch según el cual el rabino ejemplifica esa forma de ilustración que si bien no duda que fantasmas puedan existir, no acepta que estos pueden tener precedencia sobre los hombres y su Dios anti-demoníaco. No hay aquí tecnología en forma identificable, pero tampoco la vieja magia cuando el rabino hecha manos al mundo de los objetos para extraer del mismo un talismán. El rabino no esta confiando ni en poderes cósmicos ni en leyes que ya rigen en el mundo. En cambio, esta ensayando una extraña, casi mesiánicamente selectiva mano para sacar a las cosas de su dispersión, y en consecuencia también una vela puede sernos útil. Bloch parece estar diciéndonos que los medios para cambiar el mundo deben ser reales, pero al mismo tiempo no instrumentales (como en el caso de la tecnología o aun de la misma magia). El cambio es al mismo tiempo algo objetivo, anclado en la realidad pero dependiente de una disposición subjetiva. Una posición nada fácil de defender.

Anuncios