¿Neomodernidad?

Fernando Vallespín, profesor de ciencias políticas de la Universidad Autónoma de Madrid, analiza en un articulo de opinión en el diario El País la crisis actual. Luego de establecer que toda crisis marca una transición, prognostica que la nueva época se caracterizará por un restablecimiento parcial de los valores de la modernidad y el remplazo de las formas mas radicales de la postmodernidad, aquello que Bauman denominó con una expresión feliz “la postmodernidad liquida”.

Los principales cambios que vaticina Vallespín son:

  1. Renovado protagonismo de la economía.
  2. Valores como solidaridad, igualdad, autoridad, esfuerzo, responsabilidad, cotizarán al alza.
  3. La política de la nueva sociedad global se sujetará más a la clásica pauta de la colaboración “inter-nacional” que a la gobernanza “transnacional” propiamente dicha (en otras palabras, mayor influencias del estado-nación clásico).
  4. El Estado garantizará también medidas que calmen la ansiedad ante la inmigración, más fronteras, mayores garantías de los intereses nacionales, menor predisposición a tolerar los mecanismos de autoorganización social (en otras palabras, un estado mas conservador en lo interior y lo exterior, mas centralista y menos tolerantes de diferencias culturales, y otras)
  5. Tanto la vuelta a los nuevos / antiguos valores densos como el protagonismo estatal ofrecerán una nueva oportunidad a las políticas de izquierdas (en realidad quiere decir, estatistas).
  6. (¿Podra/deberá?) aprovechar la ocasión para desprenderse de los modelos fracasados y reconducir el orden social hacia un nuevo contrato social, un pacto social-democrático de nuevo cuño que sea capaz de trasladar la parroquial política estatal hacia una más decidida política de colaboración sintonizada a las dos dimensiones ya imprescindibles: la esfera transnacional y la cooperación con la sociedad civil.
  7. No es de excluir, sin embargo, una alternativa que recupere la esencia del ya conocido populismo de derechas, la tozuda vuelta al Estado de ley y orden alimentado por un nacionalismo revivido. (En realidad lo que “teme” es lo mismo que antes describe sive recomienda).
  8. Concluye con una nota optimista: “Lo decisivo de esta vuelta a la modernidad que se atisba en el horizonte es el contenido de que vayamos a dotar a lo nuevo de la neomodernidad, la forma en la que seamos capaces de extraer las consecuencias oportunas de la experiencia histórica y la aprovechemos para innovar social y políticamente. Si se recupera la política el futuro estará siempre abierto”.

No esta claro que entiende Vallespín por un “renovado protagonismo” de la economía. Lo que llamamos postmodernismo tiene como uno de sus componente centrales un desarrollo exuberante de lo económico, consecuencia tanto de cambios tecnológicos como geopolíticos (unificación de los mercados mundiales luego de la desaparición de la división del mundo en dos polos socio-economícos opuestos, flexibilizacion de los intercambios y aparicion de organismos privados y para-estatales que compiten con el viejo orden estatal). Es posible que este pensando en el ámbito de la protesta y el conflicto social. Es decir, desvalorización de reinvindicaciones identitarias de todo tipo en favor de las reinvidicaciones de tipo economicista.

 

Es demasiado pronto para saber si realmente estamos frente a una crisis que traerá algo nuevo, o si se trata de una fase en el desarrollo de la postmodernidad tan mentada. La revolución industrial seguramente les parecio liquida a sus contemporaneos, y para nosotros es solida como un cascote.

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