Filosofía y Estudios Culturales

Un par de días atrás recibí el nuevo catalogo de la colección filosofía de la MIT Press, y descubro que lleva como l subtitulo la mención: ‘with titles in Cultural Studies’ (‘incluye títulos sobre Estudios Culturales’). Es posible que no lo haya advertido, y que otras editoriales también acostumbran incluir libros de disciplinas afines en un mismo catalogo. O puede ser síntoma de algo más sutil e interesante.

Estudios Culturales es una formula un tanto vaga, pero en términos generales refiere a una serie de subdisciplinas que, en términos generales, heredan algunos de los conceptos políticos del marxismo aunque no necesariamente subscriban a sus principios teóricos, y que estudian en forma valorativa grupos sociales, étnicos y culturales a los que consideran como marginados del y por el discurso prevalente en el ámbito académico. Desde el punto de vista disciplinario, los estudios culturales, que están más próximos a las ciencias sociales –especialmente a la antropología cultural- que a la filosofía, reivindican un rol que en algunas sociedades, aunque no en Estados Unidos, pertenece a los filósofos, el rol de árbitro y oráculo de la cultura. Ese rol en Estados Unidos lo ejercio en la generación anterior el crítico literario, y no es casualidad que la línea de ruptura se haya dado sobre todo en los departamentos de literatura americana. Al respecto un crítico conservador, Allen Bloom, escribió un libro con el titulo significativo: The closing of the american mind: how higher education has failed democracy and impoverished the souls of today’s students (1987), lo que puede traducirse: “el cierre de la mente americana o de como la educación universitaria traiciono a la democracia y empobreció las mentes de los estudiantes actuales”.

Me pregunto si la inclusión de títulos afines de la colección de estudios culturales no representa una maniobra clásica de recuperación, mediante el cual los filósofos pretenden sigilosamente apropiarse del terreno perdido. Mientras que la filosofía analítica retorna sin falla a los viejos temas de la filosofía tradicional con sutileza cada vez mayor, parecería que todas las preguntas interesantes están siendo debatidas en otros entornos intelectuales, no siempre con mucho rigor pero por lo menos con entusiasmo. Quizás ha llegado el momento que los filósofos se saquen la bata y aparten a los diletantes. En el fondo, los origines de los estudios culturales son netamente filosóficos, solo que no son filósofos quienes los practican. En buena parte estas disciplinas reciclan puntos de vista originalmente desarrollados por algunas de las diferentes ramas de la filosofía continental, tomados fuera de su contexto original e hibridizados entre sí. Se trata de un coctel explosivo y fuertemente embriagante, del cual pueden decirse muchas cosas, pero no negar la originalidad y diversidad de los temas abordados.

Un ejemplo tomado al azar del catalogo de MIT Press describe el libro de Dominique Laporte, History of Shit (Historia de la mierda) como “un libro emblemático de la salvaje y aventurera de la cepa de escritura teórica de los años 70 que intenta juntar teoría, política, sexualidad, placer experimentación y humor. Definiendo en forma radical pensamiento dialectico y política postmarxista, adopta una importante e irreverente posición junto a las obras de los pensadores postmodernos tales como Foucault, Deleuze, Guattari y Lyotard”. Laporte aparentemente piensa que la forma en la que tratamos nuestros excrementos es definitoria de nuestra identidad como individuos modernos. No parece en el fondo nada extravagante, y
aunque subversivo en si mismo, lo es mucho menos en compañía de Estudios contemporáneos sobre disjunctivismo, ó Gödel Puntman y funcionalismo.