Foucault sobre Cassirer:

En 1966, Foucault publicó una elogiosa reseña de La filosofía del Iluminismo, uno de los primeros libros de Ernst Cassirer traducidos al francés. Esta reseña tiene varios puntos de interés, comenzando por el hecho que tanto Foucault como Cassirer pueden ser considerados historiadores de la cultura.

1. Foucault comienza su reseña con una interpretación de las dificultades de la recepción del pensamiento alemán en Francia, asimilando a la cultura francesa y a sus intelectuales preferidos (desde Paul Valery hasta J. P. Sartre) a la guarnición de un castillo amurallado cuyo objetivo seria asimilar y rechazar simultáneamente el pensamiento germánico. Esta posición defensiva estaría cambiando, y la publicación del libro de Cassirer puede ser tomado como síntoma de una mayor apertura. Foucault señala que por el contrario en el mundo de habla inglesa la obra de Cassirer recibió mucho mejor acogida y que influenció no solo al pensamiento filosófico sino también la psicología y la etnología del lenguaje (*)

2. Antes de abordar al libro en si, Foucault da cuenta de los antecedentes. Se trata de un libro que es también un documento, escrito por Cassirer poco tiempo antes de la instalación del régimen Nazi en Alemania. Foucault encuentra el libro premonitorio de los eventos a venir. Foucault comenda el gesto de Cassirer que seria menos impotente de lo que podemos pensar a primera vista dado el rol y el prestigio social de los profesores universitarios en Alemania, como tutores de la conciencia moral de la nación. En ese sentido, la Filosofía de la Ilustración puede ser considerada un libro de combate. También como documento de la derrota de esta corriente de pensamiento.

3. Desde el punto de vista de la obra de Cassirer, podría parece extraño que este libro, relativamente menor dentro de su obra, haya sido el primero en ser traducido. Y sin embargo, esta reflexión sobre el siglo xviii no le parece a Foucault en absoluto menor.

4. Foucault prosigue identificando a Cassirer en el seno del movimiento neo-kantiano. Se trata, según el, de algo más que una mera escuela o movimiento. Se trata de ‘la imposibilidad de la cultura occidental para superar el corte establecido por Kant’ (DE, I:546) (**), por lo tanto, de la proclama de la necesidad de revivir ese corte, para poder reencontrar su necesidad y para estimar toda su profundidad. Pero en Cassirer, además del momento neo-kantiano en el sentido de un retorno a Kant (lo que aparecería sobre todo en las obras dedicadas a la teoría del conocimiento), hay un momento de historia positiva, que Foucault saluda. ‘Kant se preguntaba, ¿Cómo era posible la ciencia? Cassirer se pregunta, ¿Cómo era posible ese kantismo al cual todavía quizás pertenecemos?’ (ib). De este kantismo, Foucault dice mas adelante que nos medusa, cegándonos a nuestra propia modernidad.

5. Esta modernidad, ciega a su propia naturaleza, generó una doble nostalgia. Por un lado una nostalgia por la Grecia clásica, que va de Hölderlin a Heidegger. A esta se opone una tradición iluminista, que iría de Marx a Levi-Strauss, y de la que Cassirer seria un representante augusto. Y agrega Foucault que Nietzsche seria un caso excepcional puesto que participaría de ambas tradiciones.

Aquí la metáfora de Foucault es poco clara. Foucault parece oponer ‘iluminismo’ a ‘modernidad’. La modernidad seria la raíz común a ambas ‘nostalgias’. ¿Pero, si el romanticismo suspira por Grecia, cual seria la nostalgia del Iluminismo? Y a Hegel, donde lo ubicamos. En la transición de Kant a Marx, parecen faltar muchos eslabones. Y también parece forzado que esta historia culmine en Levi-Strauss.

6. La proximidad que Foucault siente con Cassirer se centra sobre todo en el método de análisis, en su prescindencia de psicología, sea individual o colectiva. Para los franceses, se lamenta Foucault, una cultura, un pensamiento, son siempre metáforas de un individuo. Aun en el marxismo Foucault encuentra esta desdichada adscripción de los fenómenos culturales a ‘sujetos colectivos’. Cassirer por el contrario ‘borra las motivaciones individuales, los accidentes biográficos y las figuras contingentes’ (DE, I:547) mediante una ‘abstracción fundadora’, y todo lo que se despliega delante suyo es un universo de ‘discurso-pensamiento’, una capa indiferenciable de discurso y pensamiento. Cassirer trata de encontrar las necesidades intrínsecas, dejar que el pensamiento se piense solo, para poder así mejor seguir sus vericuetos, sus divisiones, sus cruces y sus contradicciones. Cassirer aísla un espacio autónomo de pensamiento, el universo teórico, y así puede descubrir una historia que hasta el momento había permanecido muda.

En términos fenomenológicos, que seguramente Foucault habría rechazado, se trata de realizar una epoje, una abstracción de la contingencia biográfica, de los eventos históricos in esenciales, de las anécdotas inesenciales. Frente a nosotros se presenta, no una conciencia en acto, sino hechos discursivos y sus conexiones Este programa es en términos generales similar al que Foucault presentó en su discurso inaugural en el Collège de France (1971) (***) aunque en este ultimo el orden de constitución es fundamentalmente orden coercitivo y represivo. En este texto, las ideas-discurso se relacionan unas a otras como objetos espaciales, o como si las representaríamos usando uno de estos sistemas de notación que se denominan ‘mapas mentales’ o mapas de pensamiento.

7. Foucault compara este procedimiento de Cassirer con los gestos iconoclásticos que inauguran las grandes disciplinas: economía política, con el aislamiento del dominio concreto de las riquezas, la lingüística, con la separación del dominio del lenguaje de los actos concretos de la lengua. Con la formación de este campo conceptual, Cassirer habría encontrado esa unidad de pensamiento y de discurso que buscaba en sus obras teóricas sobre la teoría del conocimiento y la filosofía de las formas simbólicas. Estudiando esos textos del siglo xviii, ‘Cassirer captaba en sus formas históricas la organización de ese discurso-pensamiento que caracteriza una cultura definiendo las formas de su conocimiento’ (DE, I:548).

8. Si Foucault saluda los logros de Cassirer, no deja de ofrecer ciertos reparos. Particularmente, el énfasis en el estudio del pensamiento filosófico de una época en desmedro del estudio del pensamiento científico, el arte, o de las instituciones. Este pensamiento filosófico se le antoja a Foucault ‘la forma duplicada’ de las otras practicas sociales, énfasis característico de la ‘historia de las ideas’ en el sentido tradicional. Foucault termina definiendo su propio proyecto como continuación y profundización del de de Cassirer, tanto en su horizonte teórico como en su actualidad política, sin restringirse por tanto a la letra de la obra del mismo.

NOTAS:

(*) No viene al caso preguntarse cuanto conocía Foucault el pensamiento de Cassirer. Es poco probable que conociera en forma directa la serie de libros sobre la teoría del conocimiento o la filosofía de las formas simbólicas. Y en cuanto a su conocimiento de la recepción de Cassirer en Estados Unidos, si bien las obras más importante de Cassirer fueron traducidas en inglés, su influencia filosófica fue marginal. Señalemos que las obras mas importantes de Cassirer fueron traducidas al castellano antes de serlo al francés.

(**) Michel Foucault, Une Histoire restée muette, La Quinzaine Literaire, No. 8, Juillet 1966, pp. 3-4, en : Michel Foucault, Dits et Ecrits, Paris, 1994, vol I, pp. 545-549 (DE)

(***) Ver nuestro comentario en: https://filosofiacontemporanea.wordpress.com/2007/09/08/88/ . El texto de Foucault en traducción castellana es accesible en: http://caosmosis.acracia.net/wp2pdf/texto_de_caosmosis.pdf