Martin Heidegger, El comunismo y el destino del ser

En sitio Hemicéfalo encontramos la traducción de un texto de Heidegger redactado en 1939-1940, es decir, en los comienzos de la segunda guerra mundial, y cuando ya Heidegger se habia alejado de su función pública como rector de la universidad.

No hay gran novedad aqui, la adhesion de Heidegger al nacionalsocialismo hitleriano es tema conocido e irrefutablemente comprobado. Un detalle picante, sin embargo, se puede encontrar hacia el final del texto:

Éste estado, pensado en torno a su Esencia prescindiendo de las formas actuales de gobierno, sociales o de credo religioso, es la misma cosa (dasselbe) que el Estado (Staat) de la Unión de las Repúblicas Soviéticas (Sowjetrepubliken), con la sola diferencia que existe una gigantesca falsificación en la apariencia de la moralidad y educación del pueblo que hace inocuo e innecesario todo despliegue de fuerza, mientras que la Conciencia “moderna” (neuzeitliche Bewusstsein) con más necesidades de seguridad, aunque no se reclame la Felicidad del Pueblo (Völkerbeglückung), se enmascara a sí misma en la propia Esencia del Poder. La forma cristiano-burguesa del “Bolchevismo” inglés (bürgerlich-christliche Form des englischen “Bolschewismus”) es la más peligrosa. Sin su aniquilación (Vernichtung) la Modernidad continuará manteniéndose. (N.B.: o por lo menos se retrasa su finalización).”

Recordemos el contexto histórico. En 1939-1940 rige el pacto entre la URSS y Alemania, no es de buen tono atacar a los aliados, y para régimen, el conflicto con Inglaterra es prioritario. El combate contra la democracias burguesas pasa por lo tanto antes que el combate contra el comunismo. Interesante que no parecen figurar en la discusión los EEUU, en aquel momento neutral.

Lo que parece mostrar el texto es como el pensamiento de Heidegger parece seguir sin esfuerzo y plegarse plasticamente a las necesidades de la linea oficial. Esta puesta al servicio de la ideología dominante es totalmente desinteresada, ya que Heidegger en ese momento no ocupa ninguna función publica y parece haber perdido las ilusiones que el regimen habría de reconocerlo como su filosofo oficial.

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