Otro comentario sobre la falta de lectura de La Cosa y la Cruz

En una nota reciente señalábamos que la obra de León Rozitchner tiene más críticos y defensores que lectores. Encontramos en un numero reciente de la revista Konvergencias (Año 6, No. 20, 2009) un artículo del profesor Joaquín A. Meabe que parece estar de acuerdo con nuestra impresión. Meabe dice que La Cosa y la Cruz es una obra tan importante como Ser y Tiempo de Heidegger o el Tractatus de Wittgenstein, y que sin embargo, a doce años de su publicación, no ha recibido aún ningún estudio decente.

No podemos menor que estar de acuerdo con esta afirmación. Es por eso lamentable que Meabe no acepte el reto, y repita en su su artículo lo que critica en otros. Es cierto que no se trata de un proyecto fácil, la lectura de este libro ‘estupendo e inclasificable’ (p. 72).

Si no hay intento de lectura propiamente dicha en este articulo, Meabe por lo menos propone una clasificación. La Cosa y la Cruz parece pertenecer a los libros que buscan hacer la genealogía de lo que él denomina barocamente ‘Estado Homogéneo Universal’ (EHU) y que parece corresponder a nuestra contemporaneidad globalizada. El origen de nuestro presente seria -asi interpreta probablemente con razón Meabe a Rozitchner- el cristianismo y su relación represiva con lo sensible y lo natural.

Pero a punto seguido Meabe adopta un punto de vista más cercano a Heidegger y a Schmitt, figuras en cuya compañía Rozitchner probablemente no se sienta tan a gusto. Dice Meabe

el éxito del Estado Homogéneo Universal no solo ha hecho trizas de las verbalizaciones de la metafísica sino que ha puesto en descubierto la inconsecuente pretensión de la ciencia y de la técnica cuyo circulo vicioso ya no puede ocultarse tras el velo de Maya (p. 73)

En traducción libre esto se leería asi: la modernización ha destruido no solo a las metafísicas tradicionales, sino también a la propia ciencia y técnicas modernas. Esto se parece mucho al lamento de Sloterdjik en la Critica de la Razón Cínica. Meabe parece contarse entre los decepcionados de la racionalidad y de la modernidad. Pero no ofrece pruebas de que Rozitchner forme parte de este campo. A primera vista, y a falta de una evidencia solida al respecto, pensaría que no es el caso.

Como ya lo dijimos alguna vez, La Cosa y la Cruz se merece una lectura crítica, es decir, una lectura que lo ubique en el contexto de otros intentos de recuperar un momento fundador de la modernidad. Sería una propuesta interesante tratar de integrar la posición de Rozitcher con los estudios del último Foucault, y con los trabajos de Peter Brown, que versan sobre el mismo periodo histórico.