Homogeneidad y homogeneidad

En una entrada anterior comentábamos sobre una intevención publicada en la revista Konvergencias en la cual el autor habla de nuestro mundo contemporáneo como de un ‘inquietante Estado Homogéneo Universal’.

El articulo en cuestión trata de la obra del filosofo argentino Leon Rozitchner y particularmente de su libro La Cosa y la Cruz, y de la ausencia de discusión sobre las tesis de este libro. El objeto de esta entrada no es ese problema, sino la extraña expresión que usa el autor para caracterizar al mundo contemporáneo. El autor parece considerar que nuestra civilización ha dado un paso adicional y quizas crucial en su decadencia. Esta se manifestaría por una homogeneidad universal, que seria no solo cultural sino también política. De aquí que habla de “Estado Homogéneo Universal”.

Rastreando el origen de la expresión, encontré para mi sorpresa que es el resultado de una hipóstasis, de la sustantivación de un serie de adjetivos. La frase original aparece en Kojève, quien siguiendo a Hegel y quizás tambien a Kant, habló del estado moderno como ‘estado homogeneo y universal’ en un ciclo de conferencias sobre la filosofía de Hegel publicadas ulteriormente bajo el título Introduccion a la lectura de Hegel (1947) y en una reseña a un estudio de Leo Strauss sobre el Hiero de Jenofonte. Unos años mas tarde, el texto de Jenofonte, el ensayo de Strauss, la critica de Kojeve y una respuesta de Strauss fueron publicadas (primero en Francia y luego en Estados Unidos) bajo el titulo Sobre la Tirania. La discusión versa principalmente sobre el problema de la relación entre filosofía y política. ¿Que relación debe guardar el filosofo frente al poder? La respuesta de Kojève, en aquel momento funcionario publico de alta graduación en el gobierno francés, es interesante. Pero en el contexto de esta nota me limito a esta afirmación:

Podemos por lo tanto concluir que, si bien la aparición de un tirano reformista no es concebible sin la existencia previa del filosofo, la llegada del sabio debe ser precedida necesariamente por la acción revolucionaria política del tirano (que va llevar a cabo el Estado universal y homogéneo). A. Kojève, Tyranny and Wisdom, en:Leo Strauss, On Tyranny, including the Strauss-Kojeve Correspondence, edited by Victor Gourevitch and MIchael S. Roth, New York, 2nd edition, 1991, p. 175)

A esto contesta Strauss:

Podemos decir que ideas filosóficas por si mismas han tenido un efecto político significativo. Porque, que es la historia mundial sino un movimiento hacia el estado universal y homogéneo (id., p. 207)

Y acerca del ‘estado universal y homogéneo’ comenta:

el valor de la conclusión [de Kojève] depende totalmente en la presuposición que el estado universal y homogéneo es el mejor orden social…el estado en el cual cada ser humano encuentra su plena satisfacción…donde su dignidad es universalmente reconocida, y goza de ‘igualdad de oportunidades’ (ib.)

Strauss no esta convencido que este estado (aquí con minúscula, aunque Kojève utilizo la mayúscula para Estado) sea ni posible ni deseable. El hombre no es solo una criatura razonable, tiene pasiones, etc. En todo caso, Strauss no encuentra nada inquietante en la noción, solo se pregunta por la factibilidad de un estado semejante de cosas. Observemos de paso que Kojève, un filosofo convertido en funcionario y economista, responde con reserva a la pregunta sobre la relación del filosofo con el príncipe, mientras que Strauss defiende el derecho de la filosofía a actuar como consejero del poder terrenal.

Hace algunos años Francis Fukuyama -un alumno de Strauss que tuvo una actuación menor en el gobierno del presidente Bush padre- retomó la idea de ‘estado homogeneo e universal’ para describir las sociedades industrializadas en la era posterior a la caída del muro de Berlin. Haciéndose eco de una idea de Hegel, Fukuyama intitulo su ensayo, que posteriormente convirtió en un libro de éxito pasajero: El fin de la historia.

Este ensayo provoco en su momento ardientes discusiones, y por un instante coloco a Hegel y a su exegeta Kojève en las paginas de las revistas de opinión. La historia posterior demostró que el optimismo de Fukuyama era infundado, que las condiciones históricas no estaban dadas para un estado homogéneo universal, y que lo que nos depararía el futuro mediato seria una forma distópica y paródica de universalización. En todo caso, es en la discusión de la tesis de Fukuyama que parece haberse generado la transformación sorprendente de una noción benigna y optimista del futuro de la humanidad en una gorgona inquietante.

Es paradojal que aquellos que se inquietan de la posible universalización de las instituciones sociales y gubernamentales de las sociedades industrializadas (democracia representativa, separación de poderes, una cierto respeto mínimo de los derechos del individuo) parecen seguiir en los pasos de Strauss, a quienes muchos consideran como el pensador de referencia del movimiento neoconservador en los EEUU, en vez de aplaudir las ideas mas entusiastas y optimistas de un Kojève.