Heidegger y el nazismo: comentario acerca del libro de E. Faye

El libro de Emmanuel Faye Heidegger, la introducción del nazismo en torno a los seminarios inéditos (Madrid : Akal , D.L.2009)
presenta un alegato contundente contra Heidegger y su filosofía. Utilizando materiales publicados en los últimos años en las obras completas (GA), materiales del archivo de literatura alemana en Marbach, y trabajos de otros investigadores, estudia con particular atención la conducta de Heidegger durante el rectorado (1933-1934), y en el periodo que va de su renuncia al rectorado y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Para Faye no cabe duda alguna que Heidegger sistemáticamente desvirtúa las tradiciones filosóficas y las pone al servicio del régimen Nazi. Al ser su libro una contribución reciente a este debate, que en Francia ya tiene medio siglo, Faye dispone sus argumentos estratégicamente para descalificar a las defensas aducidas por partidarios de Heidegger en los episodios previos de esta polémica.

Por ejemplo, Faye no se impresiona por el argumento que Heidegger habria rechazado el biologismo crudo de las doctrinas raciales Nazis. Faye muestra que otros voceros de la ideologia Nazi también rechazaban el reduccionismo biologista, y compartían con Heidegger una vision donde lo biológico se confundía con la cultural y hasta lo espiritual. Nada de ello contradecía ni criticaba las doctrinas oficiales del regimen. También muestra Faye con lujo de detalle que Heidegger no fue ni un seguidor engañado ni alguien que pretendió apoyar al régimen pero en realidad se esforzó por limitar y controlar su influencia, para salvaguardar la institución universitaria. Todo lo contrario, Faye muestra que Heidegger fue impulsor de una serie de medidas en favor del alineamiento de la universidad con los intereses del partido Nazi, tomando la iniciativa cuando pensaba que las autoridades no estaban actuando con la celeridad debida.

Faye tambien muestra como Heidegger interactuó con Schmitt y con Junger, tanto en temas organizativos como en discusiones ideológicas, y si bien es posible detectar algunas diferencias entre estos tres pensadores alineados con el régimen, se trata de diferencias menores que en modo alguno no pueden considerarse como criticas a las doctrinas oficiales.

Y sin embargo, no le faltan a Heidegger defensores de calidad, pensadores a los que en modo alguno podemos considerar como reaccionarios o negacionistas (los hay también, pero esos no son el problema), estudiosos que conocen y reconocen en términos generales los hechos que se le imputan, que no los niegan ni los tergiversan . Un ejemplo elocuente sea una discusion radial en el programa “Tout arrive”, en la estación France Culture del 9 de Mayo del 2005, en la que participaron entre otros, Faye y Lacoue-Labarthe. Lacoue-Labarthe es un hombre que estudio profundamente la filosofia de Heidegger, y no desconoce sus debilidades. Pero frente a la introducción del conductor de la emision, que resume lapidariamente el pensamiento de Faye: ‘en el fondo, Heidegger seria alguien que no habria que estudiar mas’, protesta: ‘esa tesis yo pienso que es realmente debatible, ya hablaremos de ello’. Y mas adelante: ‘el {Heidegger] sigue la progresion de la guerra; es un oportunista nato’, y mas adelante agrega: ‘si, es terrible, pero, que decia Lukacs en la misma época’, y por fin, ‘si es una tonteria, una ceguera politica, es inadmisible. [Heidegger] es un tipo muy debil, me imagino, pero eso no invalida la distincion entre ideologia y penamiento. Ello no invalida en absoluto aquello que hay de pensamiento real en Heidegger’.

La conversación prosigue en esos términos. En el fondo, aquellos que defienden a Heidegger aceptan las flaquezas y hasta posiblemente las canalladas del individuo, siempre y cuando puedan salvaguardar la grandeza de la obra. Por eso es poco probable que este nuevo episodio de las guerras de Heidegger se defina en forma decisiva. Faye señala repetidamente que ciertos cursos y documentos no fueron publicados ni son fácilmente accesibles a los investigadores, especialmente aquellos que son criticos de la linea oficial defendida por la familia Heidegger y algunos de sus partidarios. Pero en realidad casi todo ya esta dicho. Faye se pregunta si Heidegger no habría colaborado con la redacción de algunos de los discursos de Hitler en el periodo 1933-1935. Pero, ¿aun si esta sospecha pudiera ser demostrada, y se convirtiese en certeza, tendría efecto alguno en sus defensores? ¿No acabaría siendo arrojada del lado de la ideología, de lo personal, de lo temporal? Derrida afirma en un texto mas que apologético:

¿Cómo delimitar la diferencia y qué es lo que ha ocurrido? ¿Qué ha pasado en ese intervalo de tiempo? ¿Cómo explicar que en veinticinco años, entre esas dos señales de advertencia («evitar», «evitar usarlo»), Heidegger haya hecho un uso frecuente, regular, marcado, incluso remarcado, de todo ese vocabulario, incluido el adjetivo geistig? ¿Y que haya a menudo hablado, no únicamente de la palabra «espíritu», sino, dejándose en ocasiones arrastrar por el entusiasmo, en nombre del espíritu?

¿Habrá dejado de evitar lo que él sabía que debía evitar? ¿Aquello que de alguna manera se había prometido a sí mismo evitar? ¿Se habrá olvidado de evitarlo? ¿O bien, como puede suponerse, las cosas son más retorcidas, más complicadas sus relaciones? (Del Espiritu: Heidegger y la pregunta, publicado originalmente en 1987 )

La pregunta aqui no es sino, la pregunta acerca de Heidegger. Pero Derrida, siguiendo un gambito que ya inicio Heidegger mismo, y que continuan muchos de los Heideggerianos franceses, convierte la pregunta sobre la conducta del filosofo en un problema filosófico del cual su propia filosofía debe darnos la respuesta. Aparentemente se trata de un procedimiento inobjetable. ¿Que mejor prueba de la consistencia de una doctrina filosófica que esta? Que mejor vindicación que mostrar que ella es capaz de enfrentar filosóficamente no solo el error sino incluso la necesidad (del/ de su propio) error.

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