Culturomía: ¿Hacia una ciencia cuantitativa de la cultura?

En una conferencia pronunciada en 1959, C P. Snow acuño el concepto de dos culturas antagónicas, científica la una, y literaria la otra, incapaces de comunicarse y de cooperar en la búsqueda de soluciones a los problemas de la humanidad. Snow tenía las calificaciones adecuadas para hacer este tipo de observaciones. Científico de formación, ocupó cargos importantes en la administración de su país, y en paralelo desarrollo una carrera como escritor. El concepto de ‘Dos Culturas’ se convirtió en moneda corriente en el mundo anglosajón como metáfora y resumen de una situación que otros habían señalado anteriormente. La inquietud acerca de este problema remonta, en efecto, al romanticismo de fines del siglo XIX. Si separación existe, los intentos de salvarla no fueron muy exitosos hasta el presente. Cuando los literarios trataron de franquear la brecha, los resultados no fueron muy alentadores, como ocurrió hace un par de años cuando el físico Sokal logro hacer publicar por una revista prestigiosa estadounidense un artículo lleno de contrasentidos sobre la teoría de la relatividad, lo que le permitió desatar una campaña de acusaciones sobre la irresponsabilidad de literarios de nota. Otras veces fueron los científicos los que trataron de salvar la distancia, pero sus propuestas reduccionistas fueron rechazadas por los literarios y humanistas con cajas destempladas.

Recientemente parecerían haberse creado condiciones para un acercamiento de otro tipo entre las dos culturas. Como consecuencia del desarrollo de la informática, se abre la posibilidad de integrar en la investigación literaria, histórica y humanística en general métodos cuantitativos, y así poder estudiar relaciones que los métodos tradicionales de investigación son incapaces de sospechar. Métodos cuantitativos han sido empleados en el pasado en el estudio de la historia, y hasta en el estudio de textos clásicos. Pero, aun en este ultimo caso, se trató siempre de estudiar la lexicografía de un texto o a lo sumo de un autor. Las gigantescas bases de datos creadas por Google y otras organizaciones activas en la digitalización de textos están creando la materia prima y las herramientas necesarias para realizar estudios que pueden atravesar una época entera, o la obra completa de un autor, o de un grupo de autores.

Una serie de recientes publicaciones permite echar una mirada inicial sobre estos proyectos, y sobre su posible impacto en las humanidades. En un artículo publicado recientemente en el New York Times, Patricia Cohen ejemplifica algunos de estos proyectos. Un grupo de historiadores esta analizando la topografía de los campos de batalla de la Guerra de Secesión, al tiempo que un grupo de musicólogos estudia millares de grabaciones para determinar como la colaboración e intercambio entre distintos artistas influenció el desarrollo del Jazz, mientras que un tercer grupo de investigadores trabaja sobre textos científicos para estudiar la aparición y difusión de conceptos científicos. Patricia Cohen cita en su artículo a Brett Bobley, director del Departamento de Humanidades Digitales del Fondo Nacional Norteamericano para las Humanidades, quien explica como el análisis de cantidades sin precedentes de datos pueden revelar tendencias y formas a primera vista invisibles, y así permitir la formulación de nuevas preguntas. Bobley usa como ejemplo del genoma humana. No es que la tecnología simplemente haya hecho que los científicos sean más eficientes, sino que permite que los científicos (y los humanistas) hagan lo que nunca se pudo hacer hasta ahora.

El ejemplo del genoma no es casual. Si el uso de técnicas informáticas permitió crear el mapa del genoma humano, y al mismo tiempo, modificó radicalmente el estudio de la genética, podría ser que también en el caso de las humanidades ocurra algo similar. Así parece pensarlo un grupo de investigadores de la universidad de Harvard que publicaron recientemente en la revista Science un artículo describiendo un proyecto que resumen con estas palabras:

Hemos construido un corpus de textos digitalizados que contiene aproximadamente el 4% de todos los libros publicados. El análisis de este corpus nos permite investigar las tendencias culturales con medios cuantitativos. Nosotros exploramos el vasto terreno de la ‘culturomia’, enfocándonos en los fenómenos lingüísticos y culturales que se reflejan en ingles entre los años 1800 y 2000. Nosotros mostramos que este enfoque puede proveer puntos nuevos conocimientos sobre temas tan diversos como la lexicografía, la evolución de la gramática, la memoria colectiva, la adopción de la tecnología, la búsqueda del renombre, la censura, y la epidemiologia histórica. La ‘culturomia’ extiende los limites de las rigurosas investigaciones cuantitativas de datos a una variedad de nuevos fenómenos en las ciencias sociales y las humanidades. (Quantitative Analysis of Culture Using Millions of Digitized Books – Sumario– el articulo no esta aun en línea).

Hasta que podamos leer el artículo en su totalidad, aquí hay un buen resumen y análisis, en un articulo publicado en la Technology Review del Instituto de Tecnología de Massachusets (MIT) – También Hubert Guillad se refirió al artículo de la revista Science del cual da mas detalles, en su blog en la edición Web del diario Le Monde.

No todas las reacciones han sido positivas. Dan Cohen, del Centro de historia y nuevos medios de la George Mason University, grupo responsable entre otros por el desarrollo del programa bibliográfico Zotero, expresa ciertas reservas, más sobre la ideología de la “Culturonomia” que sobre los proyectos específicos de investigación. Cohen señala que el equipo de investigación de Harvard esta formado por matemáticos y biólogos, no por especialistas de las ciencias humanas. Además existen problemas de normalización de textos. El equipo de Harvard se basa en textos digitalizados por Google, proyecto monumental por su tamaño, pero que tiene algunos problemas que los especialistas en las humanidades digitales han señalado en lo que hace a la falta de metadata, y otros problemas. Pero como dice bien Cohen, usando la expresión americana, que hay que mirar los dientes del caballo regalado, pero también hay que montarlo y cabalgar.

Un debate interesante, que seguramente tendrá cola. En el ínterin, habrá que esperar a ver la calidad y la importancia de los trabajos producidos por estas nuevas técnicas, y como interactuaran con los métodos tradicionales de la investigación histórica y humanística.