Storia Noturna (a propósito de Carlo Ginzburg)

En Storia Noturna (1989) el historiador Carlo Ginzburg reconstruye la constitución del objeto histórico ‘el Sabbat de las brujas’, como interacción compleja entre un saber letrado, representado por la inquisición y por las cortes seculares, que retrababa y difracta  un saber popular, heredero de lejanas tradiciones que podrían ser de origen Céltico y de origen Chamanico.` Trabajando principalmente a partir de  documentos judiciales, en su mayor parte fragmentarios, Ginzburg intenta mostrar, que por un lado, el Sabbat no es una mera invención fantasiosa o patológica de los acusados (hipótesis que algunos de los mismos inquisidores parecen haber compartido), ni una calumnia de los acusadores, motivada por prejuicios o por intereses de tipo material, sino un objeto de gran complejidad, el resultado de un intrincado va y viene entre cultura letrada y  popular.

El libro comienza analizando dos series, ‘leprosos/judíos/musulmanes’ y ‘judíos/heréticos/brujas’ que con una diferencia de 30 años suscitaron erupciones de violencia mortífera contra grupos minoritarios en la Europa medieval.  En la primera serie, los desplazamientos y la condensación de los temores populares y su canalización por sectores interesados, prepara el terreno para una segunda serie, cuyo trasfondo es la re-aparición en el continente europeo de la peste. Y sin embargo, observa Ginzburg, si analizamos la imagineria que se relaciona con el Sabbat de las brujas, ultimo heredero de estas dos series, encontramos elementos que no parecen provenir de antecedentes en la seria. Cual es su proveniencia? Existe ya hace tiempo la hipótesis que al menos alguno de estos elementos representan elementos de cultos pre-cristianos reprimidos y sobreviviendo en forma mas o menos clandestina, a veces en forma de síntesis sincréticas, y en otras casos como supersticiones mas o menos toleradas por la iglesia oficial. Ginzburg discute estas hipótesis en la introducción y enumera las razones para rechazar las hipótesis existentes. Pero la discusión supera el aspecto estrictamente histórico, ya que pone en juego también la introducción de métodos de la antropología cultural en el seno del dominio de la historia. De hecho, como veremos mas adelante, Ginzburg adopta una metodología que se inspira de la antropología comparativa de la cultura, pero sin renunciar totalmente a la búsqueda de explicaciones causales.

La explicación causal tiene en el fondo un privilegio que le hace decir, en el primer párrafo de la conclusión, que una parte importante del patrimonio cultural europea proviene, por vías que no alcanzamos aun a entender, de los nómades de las estepas y de los chamanes del norte y centro de Asia, sin los cuales la sedimentación de la imagen del Sabbat no podría haber ocurrido.  Incluso mas adelante compara la llegada física de la plaga (originaria de la estepas de Asia central) con los otros elementos culturales que, bajo condiciones históricas propicias hicieron posible la imagen de el y la bruja como formando parte de un culto religioso clandestino, con sus ceremonias, su teología, etc.

Así aparece la imagen del Sabbat, como punto de encuentro de dos corrientes culturales. Una primera corriente, elaborada por inquisidores y jueces laicos, donde aparece la idea de una conspiración que involucra a una secta o un grupo social hostil. Por el otro, elementos de cultura popular, de raices chamanísticos.  La fusión entre ambos solo pudo haberse producido, según Ginzburg, por la existencia de una secreta afinidad entre ellos.

En la sociedad de los vivientes, los muertos solo pueden ser personificados por aquellos que están integrados en forma imperfecta en el cuerpo social. Los marginales, los asimilados en forma imperfecta aparecen tantos en las teorías conspirativas, como en las practicas chamanísticas que constituyen el antecedentes de la brujería. Un elemento excepcional (nacimiento con algún defecto u otros estigmas) es común a los distintos grupos (leprosos, judíos, heréticos, etc.,  que se situaban en el limite entre la verdad y la falsedad, entre la fe y la herejía, entre los vivos y los muertos. Esto explicaría la conexión entre la forma (grupos marginales) y el contenido (las creencias chamanísticas).

Ginzburg propone entender la formación los objetos culturales tales como ‘sabbat’ y ‘brujería’ como una dialéctica entre cultura letrada y cultura popular.  En su libro Il formaggio e i vermi (1976) describe esta dialéctica en tres niveles: una cultura oficial represiva, representada por la Iglesia de la contrareforma; una cultura letrada en revuelta contra la cultura oficial y una cultura campesina, ocasionalmente en contacto con la cultura letrada opositora, a la que asimila en forma creativa.

 

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