Cuarenta cuentos sobre las vidas en el mas allá

David Eagleman es un neurólogo, interesado entre otros temas, por la percepción subjetiva del tiempo. Pero este hombre inquieto tiene también ambiciones literarias y filosóficas, y publicó recientemente un apasionante libro de cuentos de escazas 110 paginas de pequeño tamaño.   Cada cuento desarrolla,  a veces en no mas de dos paginas, una hipótesis sobre el mas allá hasta sus mas radicales conclusiones. Ninguno de estos cuentos coincide con las nociones desarrolladas por las diferentes religiones sobre la vida después de la muerte. Tampoco constituyen reducciones al absurdo de estas hipótesis. De paso, el autor toca temas que interesan a filósofos, como ser el tema de la identidad personal, y otros.

El punto de partida de Eagleman parece ser subvertir alguna de las nociones tradicionales sobre el mas allá, y ver que ocurre. Es una suerte de universo paralelo, no menos razonable. En uno de los cuentos, en el mas allá revivimos todas nuestras experiencias, pero en vez de estar ordenadas cronológicamente, estas están agrupadas de acuerdo a sus cualidades. En ese mundo, pasamos dos meses manejando el coche en la cuadra de nuestra casa, seis dias cortándonos las uñas, dos años aburriéndonos en diversas circunstancias. En otro cuento, La Diosa, atenta a las complejidades de la vida, decide estructurar la vida en el mas allá para que todos tengan acceso al paraíso. Todos, santos y pecadores, son tratados igualmente. Pero la Diosa descubre que en vez de estar contentos, todos están disgustados con esta organización. Unanimamente declaran que este mas allá es el verdadero infierno.

En “Espirales”, Eagleman supone que nuestros creadores no son criaturas que exceden nuestra inteligencia sino por el contrario una raza obtusa y de pocos alcances. En un momento dado en el desarrollo de su sociedad, descubrieron la existencia de problemas filosóficos (¿porqué estamos aquí?, ¿cual es el sentido de nuestra existencia?) a los que no podían dar una respuesta clara. Al final decidieron construir supercomputadoras que analizaran estas cuestiones y las resolvieran. Nosotros somos estas supercomputadoras. Pero, al ser estas supercomputadoras mas complejas que sus creadores, ellos perdieron la capacidad de entenderlas. Ellos piensan, erróneamente, que nosotros tenemos la respuesta de sus preguntas. En realidad nosotros estamos ocupados en construir a su vez nuestras propias maquinas para tratar de encontrar nosotros mismos esas respuestas.

En el cuento ‘problema de escala’ nosotros aparecemos como las células y elementos que componen a Dios, o mejor dicho, somos un crecimiento metastásico de Dios. Dios mismo no puede hacernos daño, pero contempla complacido como nosotros somos afligidos por nuestros propios crecimientos metastásicos. Finalmente Dios tiene una revelación: quienquiera se crea a si mismo a expensas de seres de escala menor, terminará consumido por las mismos seres que el mismo consume.

El problema de la escala entre creador y criatura aparece desde otro punto de vista en el cuento ‘Microbio’. Dios aquí es del tamaño de un microbio, y su reino es el reino de los microbios. Por lo tanto, para El nosotros no existimos. De hecho no somos mas que el sustrato nutritivo para los microbios, que son los verdaderos reyes de la creación.

‘Prisma’ revela alguna de las paradojas relacionadas con la vida mas allá de la muerte. Dios decide que todos los seres humanos participarían en el mas allá, pero no definió sus planes en detalle. Cuando quizo implementarlos en la practica, se encontró con múltiples problemas, y especialmente como determinar que momentos de nuestras vidas pasadas seria el inmortalizado en el mundo futuro? No parece justo que sea el momento de nuestra ancianidad o enfermedad el que sea preservado para siempre. Pero las otras soluciones sugeridas no era muy viables. La idea de que todos vuelvan a su juventud fracasó por degenerar en una actividad sexual desmedida. La idea de que todos vuelvan a existir en su edad madura fue rechazada por que el mas allá se volvió insufriblemente aburrido. Finalmente Dios tuvo una iluminación, y decidió que nuestras vidas volverían a ver vividas como como si fueran refractadas por un prisma. Nuestra niñez, juventud, madurez y vejez coexisten como entidades separadas. Pero esta solución también tiene sus problemas. Eagleman imagina que de tanto en tanto todos nuestros ‘yo’ tienen una reunión familiar, donde un grupo de individuos busca encontrar un tema común que los agrupe.

David Eagleman, Sum: Forty Tales from the afterlives, New York, 2009 (Google Books)

La revista New Yorker publicó recientemente un reportaje a David Eagleman.