!Otra vez Schmitt!

En una nota reciente de Revista Eñe, Angel Faretta comenta el pensamiento del jurista y filosofo del derecho Carl Schmitt.

Faretta constata que la apropiación del pensamiento de Schmitt no se restringe a las derechas tradicionales, sino que desde hace ya algunos años, se extiende también a los sectores progresistas:

El concepto de El concepto de lo político siempre fue codiciado botín de las más variadas tendencias de este carnaval ideológico en que se ha convertido el mundo occidental tras el “apagado” de la Guerra Fría. Decimos “apagado” recordando que el frío también quema. La que puede llamarse “izquierda deshegelianizada” y que no está dispuesta a afrontar ningún trance existencial y que tras la caída del bloque soviético se ha arrojado a la yugular de este célebre concepto que dice “la distinción propiamente política consiste en la distinción entre el amigo y el enemigo”.

Parece que el comentarista no esta satisfecha con este empleo. Y en especial con su aplicación en un contexto especifico que parece estar relacionado con el conflicto opone al Grupo Clarin (que edita esta revista, que por otro lado es de muy buena calidad) y el actual gobierno Argentino:

La teoría del amigo-enemigo, debe recordarse siempre, fue concebida por un pensador católico. Y nace de otro católico como Maquiavelo. Se sostiene allí que debe renunciarse y sacrificarse toda afrenta, venganza personal o enemistad particular y privada en bien de una enemistad superior, histórica y hasta suprahistórica. Pero no puedo declarar enemigo a un diario o a un canal de televisión travistiéndolo de enemigo político, histórico, geográfico.

Cuando se busca un enemigo privado y se lo alza hasta las cimas de la enemistad histórica se pierden de vista las enemistades geográficas y territoriales y se rodea al suelo natal de toda serie de acechanzas mientras se pierde el tiempo en ajustar las cuentas con un pequeño incidente doméstico y de puertas para adentro. Que así deben considerarse todas aquellas enemistades que no se resuelven o enlazan con la enemistad histórico-espiritual de larga data. Se debe definir al enemigo histórico y hasta necesario según las coordenadas anímico-genealógicas en las que me reconozco como partícipe también necesario. Las razones genealógicas extensas no pueden ni deben jamás confundirse con las relaciones locales intensas.

Faretta parece pensar que el concepto amigo-enemigo alude en Schmitt o en general a un conflicto objetivo, independiente de la voluntad de las partes. No me parece que esa sea una lectura correcta de Schmitt. Si el conflicto fuera objetivo, el ámbito de la política estaria supeditado a el. Por ejemplo, desde el punto de vista de Marx, el conflicto politico entre burguesia y proletariado refleja la contradicción real entre capital y trabajo.

En Schmitt no es el conflicto lo importante, sino el acto en cual, con absoluta subjetividad, el soberano constituye el ambito politico (y de paso, se constituye en este mismo acto a si mismo, como dios se constituye en dios en el acto de creador el universo). El enemigo en si, pre-existe al enemigo real y contingente.  Es el objeto noemático por el cual se constituye en acto el soberano. El acto de constitución es así absoluto. Esta mitologia cansada no es mas que un ataque contra la noción liberal del estado, el estado instrumental, acotado a sus funciones especificas.

Es de lamentar efectivamente que una izquierda extraviada no haya sabido encontrar mejor maestro. Al menos el viejo Hegel fundaba el estado en el desarrollo de la Idea. Pero, en el fondo, Hegel era un liberal, no un ultramontano.