Simone Weil: la agonía de una civilización (A propósito de la cruzada en Albi 1209-1229)

Simone Weil, L’Agonie d’une civilisation vue à travers un poème épique, Cahiers du Sud, 1943., numéro spécial consacre a « Le génie d’Ocen ». (*)

Sea que queramos alabar, condenar o excusar a los hombres de la edad media, se cree hoy en día que la intolerancia era una fatalidad de su época, como si hubiera fatalidad para los tiempos y los lugares. Cada civilización, cada hombre, tiene la totalidad de las nociones morales a disposición y hace su elección. Si el padre del  rey San Luis, como lo narra el poema, creyó servir a Dios autorizando fríamente la masacre de una ciudad entera que ya había rendido, es que el lo había así elegido. Su nieto habría de elegir mas tarde lo mismo, y san Luis mismo también, el que veía en el acero un buen medio para que los laicos puedan resolver controversias religiosas. Hubieran podido elegir de otro modo. Si lo intolerancia predominó, fue solo porque las espadas de quienes habían escogido la intolerancia fueron victoriosas. Fue una decisión puramente militar. Contrariamente a un prejuicio muy difundido, una decisión puramente militar puede influir sobre el curso de los pensamientos durante largos siglos, sobre vastos espacio, ya que grande es el imperio de la fuerza.

Europa no ha recuperado jamás el grado de libertad espiritual perdido por efectos de esta guerra. Pues el siglo XVII al XIX  eliminó de la lucha de las ideas solo las formas mas groseras de la fuerza. La tolerancia en favor en aquel momento contribuyó meramente a la constitución de partidos cristalizados y substituyo barreras espirituales a los apremios materiales. Pero el poema de Toulouse nos muestra, por el silencio mismo que guarda sobre ese tema, como el país de Oc, en el siglo XII, estaba alejado de toda lucha de ideas. Las ideas no se chocaban, ellas circulaban en un medio de alguna forma continuo. Esta es la atmosfera que conviene a la inteligencia. Las ideas no están hechas para luchar. La violencia misma de la desgracia no supo suscitar una lucha de ideas en este país. Católicos y cátaros, lejos de constituir grupos distintos, estaban a tal punto mezclados que mismo el choque de un terror inusitado no los pudo disociar. Pero las armas extranjeras impusieron la coacción,  y la concepción de libertad espiritual que expiró en aquel momento no resucito jamás.

Simone Weil publica estas líneas en 1943, en plena 2da guerra mundial y ocupación alemana de Francia, poco tiempo antes de fallecer de tuberculosis en Inglaterra. Es difícil escapar a la tentación de leer estas líneas en su contexto histórico estrecho, como una protesta cifrada contra el régimen de Pétain y la ocupación. Sin embargo, es probable que la verdadera impronta de estas líneas se nos presente justamente si hacemos abstracción de las circunstancias que rodean su redacción, y si nos concentramos en lo que tienen de trascendente. La cruzada en Albi, pues es de ello que habla la escritora, es un momento culminante en la constitución de la iglesia católica y de los futuros estados nacionales europeos. El historiador británico Robert I. Moore caracterizó este periodo como el origen de la sociedad persecutoria. No es el origen de la intolerancia, sino de una acción concertada y sistemática, que moviliza la fuerza secular y el prestigio espiritual para aniquilar toda forma de vida que parece en un tanto diferir de lo que se define como la forma ortodoxa. Y dado que esta aparece como la única natural, las otras que no se le asemejan aunque sea en poco no son mas que antinaturales, y por lo tanto digna de ser erradicada.  A diferencia de lo que Marx aprendió de Hegel, un hecho histórico si puede repetirse dos veces como tragedia. La de Albi se repetiría en los días de Simone Weil a escala europea.

(*) Simone Weil, Écrits historiques et politiques, NRF, Gallimard, Paris, 1960, pp. 54-55