Cuadernos Negros

La indigación puede tener efectos perversos.  El descubrimiento que Heidegger en sus soliloquios se hacia eco de las indignidades de sus conciudadanos,  que en su reflexion no escapaba a la estrechez de su provincialismo, y que como muchos otros encontraba en los judios chivos expiatorios propicios para su disconfort con la tecnología, la modernidad, y el progreso, ha servido una vez mas como excusa para relanzar  el debate acerca de su obra.

¿Es la obra? ¿Es el hombre? ¿Y que decir de la recepción? ¿Condenar a partir de cuando? ¿1933 ó ya 1927? ¿Y hasta cuando?

Su alumna y en algun momento amante Hannah Arendt creyó necesario explicar a Eichman como un hombre mediocre, pero no se le ocurrio aplicar este adjetivo a Heidegger mismo. Pero que otra cosa se nos ofrece en estos “cuadernos negros” (que el autor mismo intitulo ya sea “Consideraciones”, o en otros casos “Sugerencias”, “Instrucciones”) y que son solo negros por tratarse fisicamente de cuadernos cuyas tapas lo son. Pero Cuadernos Negros vende mejor como titulo, porque evoca por un lado lo escondido (pero nada de lo que contienen parece ser escondido, ya estaba en la superficie de la obra para que todos lo vieran), y se acorda bien con la indumentaria que  las tropas de las SS gustaban revestir y que es cinematograficamente el cliche del regimen nefasto  que Heidegger no dudo en celebrar primero y en jusitificar tacitamente depues.

 

 

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